San Lucas, 1:48-52

Fue valiente con su cuerpo / alejó a los soberbios de su corazón / derribó a los ricos de sus tronos / y entronó a los pobres. / A los hambrientos les dio todos los bienes / y a los ricos (saqueados) los dejó sin nada

Caracas es nuestra batalla




Sobre Venezuela en Notas.

Mucho más que una montaña de basura
















Una crónica de Berisso en la tecl@ eñe.

Elicura Chihuailaf



Hay un tiempo primero que une en un fuego todas las voces nuestras. Hay un canto que está en todos los pueblos que es ese tiempo. Hace mucho que no escuchaba un poeta así. De hecho, el año pasado estuve compartiendo un patio con Elicura Chihuailaf y en ese tono menor no terminé de darme cuenta de la profundidad de esa voz antigua. Si quieren convencerse de escucharlo todo pongan el minuto 26:50 donde le preguntan sobre su madre muerta. Habla del retorno al país azul con los antepasados.

Ho Chi Minh y las fórmulas de la revolución




La materia no existe. La materia existe. La materia es eterna. La materia es finita. El enemigo es el imperialismo. El enemigo es el imperialismo de nuestros corazones. El enemigo es el enemigo. La iluminación está en la oscuridad. Todos estamos vivos. Todos estamos muertos. Yo soy Ho Chi Minh. Yo soy Giap. Yo soy el ejército americano matando a mis compatriotas. Yo soy la mujer empalada. Yo soy el asesino. Vietnam es Vietnam. Vietnam no existe. Vietnam es la vida. Vietnam es la muerte. Vietman tiene miles de años de historia. Vietnam es un río salvaje que nos trae toda su resaca. Vietnam es lo que no se detiene. Eso es lo único verdadero. Lo concreto. Lo que no se detiene. Lo que existe. Lo que no existe. Nuestra guerra es hoy. Nuestra guerra no existe. Nuestra guerra comenzó hace miles de años. Giap combatió miles de veces esta lucha. Giap está muerto. Giap está vivo. Yo no soy Giap. Yo soy el río salvaje que lleva mi cuerpo.

: yo soy Ho Chi Minh. Yo no soy Ho Chi Minh. La guerra revolucionaria no se detiene. La guerra revolucionaria comenzó hace miles de años. La guerra revolucionaria durará miles de años. Yo soy el río salvaje que lleva mi cuerpo.



de Giap y otros poemas vietnamitas (próximamente editado por Club Hem).

Los poetas anfibios




Los poetas anfibios se habían multiplicado durante la época de lluvia donde la guerra se había tornado cruenta y patética. Los poblados destruidos, el olor a carne chamuscada, los perros cimarrones, raquíticos y hambrientos, perdidos por los caminos. 

El mayor poeta anfibio, Lâm, hizo célebre su máxima poética: no hay mayor hecho de belleza que ver un caserío arder en napalm. 

Los fotógrafos anfibios vivían durante semanas en la pobreza absoluta de las comunidades campesinas desplazadas para lograr las mejores tomas de los cuerpos hambrientos y mutilados. Los poetas escribían largas odas descriptivas del empalamiento que realizó un comando perdido de soldados invasores a una joven en Mỹ Lai. La utilización  de armas químicas por la aviación enemiga fue considerado por el novelista Dang como el uso lírico de los avances científicos.

París había recibido con honores a estos artistas que conquistaron sus cenáculos.  Lâm fue varias veces tapas de las más prestigiosas revistas. El francés, aseguró, era su lengua materna. Pero no negaba su origen vietnamita. Lo contrario: no había mayor aliento en el sopor metropolitano que el recuerdo de cuerpos mutilados. 



: no hay mayor belleza que ver un caserío arder en napalm.



de Giap y otros poemas vietnamitas (próximamente editado por Club Hem)

Diez años en Siberia


Algún día escribiré mis memorias: diez años en Siberia. 
Esta nominación carcelaria no involucra ni a mi apellido ruso ni a un gulag soviético. Es un módulo oscuro y olvidado de una vieja escuela donde trabajo. El nombre es perfecto: vidrios rotos, paredes sin revocar, agujeros en el techo, derrumbe constante de partes de las paredes, estufas que no andan, instalaciones de gas caseras, cables pelados en las paredes. Cada lluvia arma extensos charcos en las aulas. Durante años sólo ingresaban los preceptores más perdidos o duros para soportar estas condiciones extremas. Algunos de ellos fueron denominados por los alumnos como “los preceptores tumberos”. Cuando ingresé, inmediatamente, con pasión arrabalera, me sentí en el lugar indicado.
Esta precariedad material esconde grupos de alumnos brillantes. Acá aprendo el constante cruce y renovación del mundo criollo: cumbia, rap, esquina, guaraní, pararse de mano, parar la olla, historias de muertos y aparecidos, el barrio, el Altiplano.
Hace un mes que no daba clases por la sucesión de paros. Ayer, también, hubo paro. Pero decidí continuar la lucha desde otra trinchera: cara a cara.
La clase, como siempre, fue al ritmo de un campo minado. Como me gusta. De acá para allá. En algún momento comenté la postura de José Hernández en relación a la guerra de la Triple Alianza. Pregunté si había algún paraguayo. Pero no. Entonces comencé a explicar el origen de la palabra curepí que es “cure pira”... entonces, uno de atrás, me cortó y arrancó: hijo de correntinos, dijo, de Itatí. El otro fin de semana estuve. Me fui y a los dos días saltó lo de la droga. Alto quilombo. Curé es chancho profe, explicó. Al rato dicté algo sobre Borges y me preguntó si Borges era con V.
Hablamos de nuestra lengua. De cómo el español que hablamos está sedimentado por nuestro origen criollo. Lo ejemplificamos con tres palabras del MF: boludo, pelotudo, guascazo. En algún momento ese origen de cueros y de lenguas nos llevó a una pregunta que me gusta hacer porque siempre se responde de manera distinta. Pregunté si les parecía que nosotros teníamos más o menos sangre indígena –sí: la formulé así de errática-. Uno del fondo (que le habían dicho el “cuchillero”, "más bravo que Fierro este profe", pero él se desentendió de su fama y aseguró que “exageraban”), señalándose la jeta con los dedos (como si fueran dos fierros) chantó: mirá las caripelis. Otro, en tono más mesurado, casi de bibliotecario, explicó que nosotros los argentinos tenemos la mayoría origen indígena.
Siempre empiezo dando clases con el Martín Fierro. No hay mejor libro para hablar de la podredumbre de nuestras clases dominantes. Y no hay mejor tema hoy para explicar la situación precaria de todos nosotros. Pero, principalmente, explicar quién es Macri, quién es Bullrich, quién es Braun. Este poema no ha perdido nada de su actualidad política: cómo las familias del gobierno actual obtuvieron su capital cortando pelotas de indios, estaqueando gauchos, destruyendo el Paraguay, robando tierras. Matando y matando gente. En sus palabras, "mejorando la productividad". Todo esto sigue estando en el poema: la muerte de Luciano Arruga como Martín Fierro y el negocio de la comandancia de Miguel Braun.
Dando clases, también, cortamos la calle. Y cortando la calle, obviamente, damos clases.


p.d la foto ya tiene un par de años. Los docentes sabemos esta premisa totémica: el único que envejece en la escuela es uno; los alumnos siempre tienen la misma edad.

Ganar la calle, ganar la madre de todas las batallas



En las esquinas, en las verdulerías, en los almacenes, en las escuelas, en las fábricas, en los clubes. Todo parece convertirse en una trinchera política. Intercambiar con amigos, con vecinos, con desconocidos. Ahí, en medio de todo este desmadre popular, escribí estas líneas para continuar el debate entre compañeros y compañeras.

Milagro Sala



En el país de los Braun, los Martínez de Hoz y Blanco Villegas, una india es presa política. Cuéntenla como quieran. Más allá que haya algunos negritos ceba mate más que contentos. Miremos lo central: hoy la familia genocida de Jujuy está festejando. Esa familia podrida que una y otra vez Macri consideró una de las familias modelo de Argentina como cuando Nelly Arrieta de Blaquier fue designada embajadora cultural de la Ciudad de Buenos Aires “por su entrega y compromiso en favor del país”. Los Blanco Villegas / Macri lograron su capital cortando pelotas de indios, estaqueando gauchos, desapareciendo compañeros: familias caníbales los dueños de la tierra. Ojalá que estos mierdas alguna vez se pudran en la cárcel: los Macri, los Braun, los Blaquier, los Martínez de Hoz. Libertad inmediata a Milagro Sala!

En Uruguay


Antología poética publicada en Montevideo, 2016. Por Yaugurú.
2016. Año yeta como pocos, si a alguien le debo haber publicado tres libros este año es a Mauricio Macri. O no hay Macri que por bien no venga, digamos. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado por Malisia Editorial (edición a cargo de Pablo Amadeo), Parte de guerra por EME revista editorial (edición a cargo de Juan Augusto Gianella, Vero S. Luna y Agustín Arzac) y Cosas de Zorro por SIRGA ediciones (edición a cargo de Juan Bautista Duizeide, Fabiana Di Luca, Laura Valencia y Diego Roel). Agradezco a todos quienes estuvieron poniendo cuerpo y cráneo a estos libros.


Escuela Popular Tinku


La escuela popular Tinku: una de las experiencias educativas más interesantes que conocí este año. Felicitaciones a las compañeras y compañeros del Movimiento Seis Mil por poner el cuerpo a la búsqueda de un socialismo indoamericano. O como diría Paulo Freire hablando de educación popular y política revolucionaria: Hay que citar menos a Marx y vivirlo más. Hay que cambiar el lenguaje. Hay que aprender la sintaxis popular. Hay que perder el miedo a la sensibilidad. Hay que ser menos dogmáticos y más radicales. Hay que superar los sectarismos que no crean, que castran. Hay que aprender la virtud de la tolerancia. Y la tolerancia es una virtud no solamente espiritual, sino también revolucionaria, que significa convivir con el diferente para luchar contra el antagónico. Esto es la tolerancia. En América Latina vivimos peleando contra los diferentes y dejando al antagónico dormir en paz.

Bienvenido Baby: ¡somos todos unos negros de mierda!



Mariano Dubin le responde sin ambages a Baby Etchecopar, quien desde las cloacas comunicacionales desea la muerte de los “negros de mierda”. Una radiografía del hombre común, el verdugo que se niega a ser la mano ejecutora del poder, el vecino con fantasías de blanco europeo y miedo de indígena y negro. En La Tinta. Periodismo hasta mancharse.

FIDEL




Fue un viejo amigo de toda mi vida. Era un pendejo bocón, trasnochado, irrespetuoso en medio del menemismo y cada vez que me decían eso ya pasó de moda yo recordaba a Fidel. 
Nombrar a Fidel en lo ´90 era no entender nada. Y yo no quería entender nada y estaba Fidel para bancar la parada.
Mi viejo había estado varias semanas secuestrado y cada vez que me decían que eso había quedado en el pasado, que el tiempo era otro, como en una épica ajena y propia, yo decía Fidel. 
Hace poco escuché el discurso de Hugo Chávez en su primera visita a La Habana. Decía que todos los jóvenes que viajaban a Cuba, por primera vez, en realidad, estaban realizando su segundo viaje. Porque durante años habían viajado en sueños y esperanzas. Moriré sin haber conocido la isla de Fidel, y recordaré este año yeta como pocos.
Habrá mucho para decir. Yo tengo poco.
Fidel, ante todo, es un amigo de la adolescencia. Ese viejo me bancó la parada miles de veces. Gratitud total.

¿Qué pensamos de lo popular?



Nota publicada en La tecl@ Eñe.

A cuento de la poesía, la muerte de Cohen y los poetas cantores.

No hay pregunta que encuentre más infértil que aquella que busca definir qué es poesía y qué no. Décadas atrás, Raymond Williams, descubría lo mismo en relación al marxismo: no hay pregunta menos revolucionaria que preguntarse qué es y qué no es marxismo. Como si una noción académica nos asegurara un recorrido más o menos seguro de las derivas contemporáneas y las contingencias históricas. Siempre correremos el riesgo de extraviarnos, pifiarla, cagarla. Lo digo, hoy, aun defendiendo –creyendo- en la poesía y el marxismo. Pero como dijo otro marxista, los verdaderos ortodoxos somos los heterodoxos, acaso, porque más que defender una doctrina o unos ritos vacíos, defendemos una idea que, necesariamente, se transforma. O como aseguró Viktor Shklovski, el crítico ruso, la tradición es un movimiento que va de tío a sobrino, más que de padre a hijo. Entonces, ya nos metimos en varios quilombos epistemológicos, antes de decir absolutamente nada y sumemos otro: ¿qué es la tradición en este país sedimentado por culturas atávicas e hipermodernas, temporalidades superpuestas, y jetas de indios puros y de alemanes del Volga conviviendo en cualquier esquina?, ¿cómo no asumir, en estos ríos de tradiciones múltiples, que lo que pensamos como “la poesía” no es más que el encadenamiento de nuestros prejuicios y nuestras prácticas más que una zona de confort de nuestras asunciones?

Sedimentos de un desierto nacional



Un bibliografía de la saga Braun.

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado




Un poema de la saga Braun.

Pan

Clima popular. Hoy en el semáforo de 13 y 72, un muchacho que andaba vendiendo estampitas se me acercó; como fanático de santos le acepté rápido pero me previno: “tengo San Cayetano y Gauchito Gil”. Mientras me pasaba el San Cayetano y chamuyábamos de una boludez, el tipo se quebró: “yo vendía cuchillos, hermano, me estoy fundiendo, mirame regalando santos ando”. Era un tipo fuerte. De esos albañiles todo terreno o peones de campo, que tienen el cuerpo a puro aguante. Me acordé, inmediatamente, de “Pan” de Celedonio Flores: ¿Trabajar? ¿A dónde? Extender la mano / Pidiendo al que pasa, limosna, ¿Por qué? / Recibir la afrenta de un “perdone, hermano” / Él, que es fuerte y tiene valor y altivez.

Charla con Sebastián Hernaiz