Con los guantes calzados

Como todo pibe con anteojos siempre admiré a los que aguantaban la parada en la esquina, los peleadores que salían despedidos de la bailanta hasta la primera zanja a pura piña, esos que el domingo a la tarde, en la placita del barrio, contaban peleas que ya eran épicas de la noche anterior. En mis tres poemarios tengo versos dedicados a esos luchadores. Comenzaré a subir algunos de esos poemas a los vagos que se calzaban los guantes por puro oficio de guapo. Empiezo con uno de mi primer poemario: Con los pasos de la Mala Vida (2006).

El guacho lo apura
(¡él que ya le tenía la bronca!)
relojeándole la jeta
lo madruga:
por gil y bocón.

Una en el estómago
y otra en la nariz, ¡ya está!
Recibe como manco el ñato
y se le cae la punta
que era toda su fortuna…

Le picotea la cara,
le calza un revés.
Lo va llevando
contra la pared
cabezazo y a otra cosa:
¡andá a cantarle a Gardel!

Con un codazo
cae al cemento
y sus dientes
con sangre
quedan ensartados
al pavimento.

Todo roto
en el piso:
¡lo tienen que entablar
como Cristo!

Lo juna regalado
y le asalta entonces
la duda
piensa en tajearle
los pómulos
hasta el labio
una media luna.

Le rescata unas monedas
para volver
pero da dos pasos
atrás
otro dos más.

Y el vino y la pelea y el sueño
como un gancho de atrás
lo hacen caer.

Ahí duermen los dos:
uno al lado del otro
como dos borrachos
soportando la eternidad.

de Con los pasos de la mala vida (metele cumbia guachín!) (Pixel, 2006).



3 comentarios:

Revista El Cuchillo dijo...

Releyendo el poema en la última estrofa encontré un elogio de la amistad que se me había pasado por alto: como dos borrachos/soportando la eternidad. No hay nada más lindo me parece que esas amistades que todos en algun rincón llevamos y que nacieron así, a las piñas. Un abrazo

Anónimo dijo...

Si nos habremos trompeado cuando la reticencia ya no tiene disimulo, buenos crosses y patada en el traste, fuerte como zancada de mulo.
No vale meter gol con truquito... jaja! (Experiencia puertas adentro)

Mariano Dubin dijo...

Anónimo, yo recuerdo peleas frustrantes; como una con Martín y Juan contra un borracho que no recuerdo bien cómo se multiplicó en calle 42 en los trabajadores del correo Oca y terminó en vocinglería de cocoritos, yéndonos vitoreando al Iru por su pelea inaugural contra la chapa de un baldío. Digo frustrante porque tuve a un muchacho toda la pelea dándome la nuca y tuve el prurito de no reventársela.

Emiliano, absolutamente. De hecho recuerdo que con mi compadre Santiago pasábamos varias tardes trompeándonos por puro aburrimiento en un baldío que si no mal recuerdo quedaba en 529 y 4 (donde construyeron unos horribles duplex.-