Tango para un obrero cualquiera


Yo no sé por qué hay tanta
tristeza entre tanta nicotina
entre tantas ganas de mandar todo a la mierda
entre tanto mango que muerde hasta la estúpida ilusión
de volarse los sesos
o dejarse llevar por el último tren a Buenos Aires
y saber que si uno se mata
hay tanto crío entre tanta miseria
tanto gurise sin ese mango que traés rezongando
de tal curtiembre
de tal petroquímica
de tal lugar…

Por eso cuando te veo
antes de acostarte fumando un faso en la esquina
saludando a un conocido
fumando con ganas que ese faso te queme
te queme todas esas ganas de todo entre tantas ganas de nada
pienso que no habrá más
una cumbia que nos limpie el hígado
una chacarera que nos aligere las penas.

Por eso la humedad tiene hongos de tango
y la selva taponada en las cloacas
no nos deja olvidar
la sonrisa chueca cuando empieza a lloviznar y también
las primeras goteras buscando un balde para pasar,
y cada gota que cae
que mañana el tren volverá a salir
que la fábrica volverá a abrir
que el cabaret volverá a cerrar
que los gurises volverán a pedir pan
y que volverán también
los gritos tuyos de los otros
de los míos de lo que querés escuchar

y qué jeta le vas a mentir a tu mujer
que fueron los pesos últimos en la esquina
para limarte los huesos que guardás
en los colchones profundos donde te vas a acostar
y cerrés los ojos y no haya nada negro nada
solo un sueño plomizo que mañana te haga despertar,

casi levantando una cortina metálica
sin recordar nada y matiés
maliciando el alba
maliciando entre casa el primer mate entre fuerte
y te prendas un pucho
saques la bici y vayas a laburar
y que no te acuerdes de nada negro nada
entre tantas cosas que
tendrías que recordar
entre tantas cosas que
tendríamos que olvidar.

de La razón de mi lima (Pixel, 2009).

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