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Negro del Plan: la escritura entre la gauchesca y la cumbia villera


En la última revista Estrcutura Mental a las Estrellas, publicación dirigida por Verónica S. Luna y Agustín Arzac, escribí un artículo que recorta lo que alguna vez publiqué en De la gauchesca a la cumbia villera (La Comuna Ediciones 2010). Algo sobre nuestra negritud, Kusch, el peronismo, la cumbia villera, Jorge Luis Borges y otras cuitas criollas. La revista se consigue en varias librerías de La Plata y Capital Federal. También se puede pedir a su facebook. Ahí va el artículo:

Escribir después de Chernobyl



A cuento de unas palabras que dije en la presentación de Cae Repelente de Pablo Castro, y ahora emprolijo. 

Cuando escribo sobre un libro, o leo poemas, o presento la obra de un amigo no puedo dejar de pensar que estoy haciendo a mi manera lo que me enseñaron mis amigos tolosanos, con quienes curtimos los arrabales de los ' 90, en la Plaza de Tolosa: plantarme de manos. Ellos, los héroes del rioba, me enseñaron a calzarme los guantes. En verdad, dicho sea de paso, aprendí poco en cuanto a dar un buen cross, un gancho, un rodillazo a la nariz, el que pega primero pega dos, y otros tecnicismos de esta técnica profana. (Como dice el Martín Fierro: “Porque esto tiene otra llave / y el gaucho tiene su ciencia”). Pero si no pude aprender a pelear como la gente, me quedó la manía de pensar la escritura como una de las formas de la pelea callejera.
Algún día deberé escribir todo lo que me enseñó la Plaza del Carmen. (En realidad, ese croquis de la vida popular que se prolonga por la Plaza, los galpones ferroviarios, el Churrasco, la villa de 122). Hoy, hablar de literatura, más presentar un libro, es bancar la parada, con los guantes puestos. Uno se entrena, lee el broli, es una buena excusa para no bañarse, cancelar citas. Se encierra a pensar qué tiene ese libro que vale la pena presentarlo en público. Por qué no dejarlo en el disco rígido de una PC, o en los bocetos manchados con mate en un cajón. Escribir, a mi entender, como en la riña callejera, puede hacer terminar a uno con la cabeza abierta por una baldosa rota. En todo caso, no estoy inventando nada, la amistad y la literatura siempre se forjaron a los bifes, desde La Ilíada hasta El Atravesado de Caicedo. Ahora sí, vamos a los bifes.

Sobre Cuaderno de Pripyat

Una reseña sobre la última novela de Carlos Ríos que publiqué en BazarAmericano.

http://www.bazaramericano.com/resenas.php?cod=313&pdf=si

Lo que dejó el cacerolazo

Hace unos años publiqué este artículo en Oveja Negra; hoy viendo a tantas rubias estreñidas y abogados desesperados porque no seamos Venezuela, poder comprar dólares, y otros berretines de chicos que comen todos los días, lo vuelvo a postear. Esa gente me sigue haciendo peronista.


Cuando el miedo se hace oligarca
Las clases dominantes conjuran a través de la literatura gran parte de sus miedos frente a la irrupción del Pueblo en la historia. No hay cuestión más aterradora que la barbarie que amenaza sus privilegios.
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Hay miedos que se repiten. La literatura pudo encauzar o promover muchos de ellos. Hay uno que recorre todo el siglo XIX y XX: el de las clases altas por la ocupación de las clases populares del espacio urbano. El control de la calle es finalmente el control del poder y ese miedo por lo tanto no es un miedo más: es el de perder los privilegios con que se constituyó una clase. En el siglo XIX el miedo se propagó a través de los carnavales de los negros, en la insolencia de gauchos e indios frente a las formas pautadas de la civilización, en la ocupación de las ciudades por la “barbarie rural”. Proliferó cierta literatura basada en la paranoia: Amalia, Facundo, El matadero. En todas ellas la paranoia del poder funda un tema: la invasión. En el siglo XX, el peronismo actualiza el miedo. Primero el 17 de Octubre y después los actos oficiales del peronismo inauguran una época: la ocupación de las ciudades por la clase obrera. Del 17 de octubre proliferaron muchas imágenes: la de la plaza llena, la de la clase obrera abandonando las fábricas, la de la primera espera a Perón. Hay una, acaso la más famosa, que nos interesa: la de las gentes remojándose sus patas en la fuente de Plaza de Mayo. Es el desdén de los pobres a la “civilidad” burguesa, a la buena forma de circular una ciudad; es el vivir de los barrios en el centro; una fuente finalmente es simplemente una provisión de agua. Ese acto mínimo atenta a las verdades con que una clase construyó una ciudad: atenta políticamente porque ocupa un espacio céntrico que no le es permitido; atenta culturalmente porque profana un objeto y un espacio que el liberalismo fetichizó: la plaza y la fuente. La fuente es la cultura occidental y para el poder no tiene más uso que el de significar una pertenencia de clase: “somos Europa”, es decir, “no somos Latinoamérica”. El desprecio acaso ingenuo de poner las piernas a remojar en el agua es potencialmente la integridad de las clases populares frente al poder. Es la política que se torna identidad y una identidad que se torna política: es la apropiación popular de los objetos del poder. En las clases altas y medias, la invasión fue también sobre la identidad y actualizó la literatura de la paranoia que Sarmiento canonizó con su Facundo. Los blancos se escandalizaron de que los negros bailen (“Las puertas del cielo” de Cortázar) o de que los negros hagan política (“La fiesta del monstruo” de Borges y Bioy Casares) pero ese terror se sintió esencialmente como la pérdida de un espacio, como una “casa tomada”. En el cuento de Cortázar el protagonista afirma que desde 1939 ya no llegan libros desde Francia. En la frase se cifra la pérdida del control de la ciudad por las clases altas; la cultura europea es la fórmula de escapar del miedo. En el final de Amalia (1851) de José Mármol, por ejemplo, los personajes Eduardo y Daniel, unitarios provenientes de las clases ociosas, antes de ser atrapados por la barbarie hablan en francés ya que suponen el idioma secreto de su clase los podrá liberar. Para el liberalismo la lengua francesa (la cultura occidental) era la fórmula de inventar su clase. Ellos son occidente, las instituciones, la civilización. Lo demás, como lo describió Echeverría en La Cautiva es desierto, barbarie. Fuera de la civilización no hay nada: On ne tue point les idées escribió Sarmiento en el desierto sanjuanino. La invasión es el tema predilecto de la literatura argentina porque se intuye que en el desierto, en la nada, está la desaparición de la civilización. Que en el cuento “Casa tomada” se escriba que no llegan libros desde 1939 significa que el protagonista (un señor bien que vive de rentas del campo) ha perdido la fórmula con que convertía al mundo ajeno a la civilización en “nada”. Así cuando el pueblo se subleva, como en las revueltas federales o en el 17 de Octubre, destruye todas las ilusiones del poder (occidente, la lengua extrajera, etc.) Para la burguesía todo lo sólido se desvanece en el aire. Vive atemorizada por el temor de perder su condición. Ese temor se vive hoy: en cada movilización, en cada piquete, en cada acto de trabajadores se resiente la paranoia del poder.



publicado en Revista Oveja Negra, número 6.-

Bardo en La Pulseada

Por Matías David López
El nuevo libro de Mariano Dubín es poesía de combate: un bardo que está pensando al bardo, a la figura y lugar del poeta, del vate, del cantador. Dubín cierra así, bardeando una (su) trilogía y propone un “hasta acá”. Hasta acá que abrirá paso a un “lo que viene” a lo que está “por-venir”.
La prosa de Dubín anda por esquinas, pasillos, bares, cabarés, montes, se va de viaje pero vuelve siempre al barrio. Se mete en la noche, en esas donde el bondi te deja a pata. En las situaciones que relata hay pedidos y reclamos, de tragos/besos/monedas/abrazos que se demoran, que se hacen esperar. Por ahí también andan trolas, vagos, peones, tilingas y judíos… Además de vasos de vino que se derraman, dientes rotos, derrapes varios, altos bardos que se arman, que se amasan.
Los personajes buscan arreglar sus vidas, o mejor, vivirlas. Dan batallas y muchas aunque saben de antemano que la derrota está asegurada. Sin embargo hacen la guerra a lo que les toca, guerra y a veces amor.  Apuestan aunque la errancia sea el terreno venidero. Si hay victorias serán transitorias. Y entre ellos, entre esas gentes, está el propio Dubín, sabiendo que escribir es un bardo, que la vida es un bardo y hay que meterse en ellos, sabiendo que nunca saldremos ilesos.
Otro bardo más es la idea de publicar éste libro. Apuesta luminosa, certera que Dubín hace junto con la editora Pixel, un sello autogestionado que cada vez más va para adelante en las aventuras en que se mete. 

En revista La Pulseada.

Bartolomé Hidalgo


Como todos los miércoles a las 11 de la matina salgo por radio Futura (FM 90.5) en el programa RAP colectivo de colectivos. Hemos estado chamuyando sobre Atahualpa Yupanqui. Este miércoles arrancamos con el primer gran poeta de la gauchesca, Bartolomé Hidalgo. Contaremos algunas cosas de este mulato nacido en 1788, que enlaza su acompañamiento político y militar a José Gervasio Artigas con la invención de un género poético nuevo, la gauchesca.

(Y acá otro oriental interpretando algunos versos de Diálogo patriótico interesante, 1821.)

el Gandolfi Herrero, poeta mistongo

Tomau del diario Tiempo Argentino (3/6/2012), de la sección “El libro recordado”, donde me tocó hacer un rescate y me lo agencié al poeta mistongo Gandolfi Herrero: 

cultura según...


se podría leer mejor (pensando la cultura) dando vuelta la frase: ¿por qué un niño tiene en sus manos algo que lo puede salvar...?

cómo lee Leónidas Lamborghini a Palito Ortega?



Eyaculatoria pa`un gaucho 

-¿Qué te pasa gaucho
que andás con la ca-
ra'e mate lavao? ¿Te
han sacao el aquí me
pongo, gaucho? ¿Te' han
viciao. vaciao. secao.
domesticao. ¡Gaucho a-
rrinconao! ¡Gaucho bur-
lao ¡Gaucho flagelao!
¿Te' han puesto al a-
sador, gaucho? ¡Gaucho
comido y carcomido!
¡Gaucho ovillao! ¡Gau-
cho acabao! Te' han des-
quisiado' el mate, gau-
cho. te lo han enyenao
'e morisquetas, gaucho.
gaucho' e la 'epoca. gau-
cho epotecao. ¿Qué te pa-
sa gaucho? ¿Te retor-
sés, gaucho? ¿Te agachás,
gaucho? ¿No sabés más
quien sos, gaucho? ¿No
sabés ni donde estás,
gaucho? Gaucho babeao
gaucho orinao
gaucho zonzo
azonzao. ¡Jué pucha! y
¡Jué pucha!
gaucho' eyaculao
eyaculeao.



Narraciones Migrantes (ó cómo ser criollo en la ciudad)

Decía Eagleton que no se presentaba género más absurdo que la tesis, ya que obviaba lo más necesario: el lector. A riesgo de pecar de atrevido, dejo rodar mi tesis de licenciatura (“Educación y narrativas en las periferias urbanas: persistencias y variaciones en las culturas migrantes”) vía interné; pronto estará publicada en Memoria Académica igualmente. En parte es una tesis de didáctica, pero se le anima a la discusión política y cultural que suelen exigir las circunstancias. Acaso a alguno le sea útil o entretenida.
Apología a la violencia
En 1541, nace la forma popular de nuestra política: arrasar la ciudad. Luego de los genocidios de Río Matanza, la expropiación de tierras y esclavización de indios, no hubo solución mayor que la absoluta destrucción de la ciudad de Buenos Aires, que fue cercada; intramuros el hambre se propaga. Los españoles se comen entre ellos, enloquecidos. Matan a sus hermanos, a sus hijos; comen el cuero de la ropa. Las enfermedades pudren los cuerpos y los animales salvajes infestan la ciudad atraídos por el olor a carne pútrida. Escribió entonces el poeta español Luis de Miranda describiendo su experiencia:
Pocos fueron, o ninguno
que no se viese citado,
sentenciado y emplazado
de la muerte.
Más tullido, el que más fuerte;
el más sabio, más perdido;
el más valiente, caído
y hambriento.
La desaparición de la ciudad cifra las dos caras de nuestra historia. Por un lado, la ocupación de la ciudad, la resistencia; por el otro, la imposibilidad de la civilización, la paranoia intramuros a todo lo que se mueve más allá de ella.
Desde 1541 hubo otras destrucciones de las ciudades porque no hay práctica política mas usual de nuestro pueblo que hacer cautiva la civilización. Los intrusos (indios, negros, villeros, obreros, gauchos) se toman la insolencia, de vez en cuando, de entrar y romper todos los fortines imaginarios y reales de la burguesía. La invasión son ciclos constantes de nuestra historia: en 1820 Pancho Ramírez y Estanislao López vencen a Buenos Aires; los constantes malones sobre las ciudades, donde todo lo sólido de la civilización se desvanece; las sublevaciones de López Jordán, de Juan Saá, de Felipe Varela, de Facundo Quiroga; la cultura nativa, criollos e indios, invadiendo a la civilización occidental.

Los pasillos de la villa

Breve historia de la migración interna

La villa es el espacio ominoso del buen circular burgués. Allí se interrumpe el trazado urbano que desde la Colonia es la Ley hecha ciudad: la tranquilidad de saber que un plano explica una urbe. Los pasillos, las calles de tierra, la proliferación de perros y gallinas: todo parece atentar a cómo se debe pensar una ciudad. La villa, de hecho, es la otra historia nacional, la que explica que el discurso liberal es una quimera.

No sólo se interrumpe la ciudad burguesa, se interrumpe su historia. (El puerto se interrumpe.) La villa tiene otro relato que comienza con el fracaso del federalismo en el siglo XIX. Cuando Saa, López Jordán y Varela son derrotados termina una historia: la posibilidad de hacer un país federal. La muerte de Solano López y la destrucción del Paraguay acelera el proceso de inserción de capitales británicos en la Argentina, la dependencia económica, la construcción del Estado liberal y la desaparición del pensamiento nacional (que se explicita entre la Ida de “Martín Fierro”, el héroe criollo que se une a la indiada porque la civilización está podrida y la Vuelta, donde el héroe vuelve a avalar la civilización frente a la barbarie.)

Las provincias del Norte que alguna vez supieron ser el centro del país se fueron convirtiendo en satélites económicos de la ciudad puerto. Hacia 1930 se concentró la migración interna del país: las provincias fueron prácticamente despobladas de jóvenes. Correntinos, riojanos, salteños; desde las provincias más pobres del noroeste y noreste se migraba. La economía del interior, que alguna vez supo ser próspera, estaba vaciada. La tierra se concentraba en pocas manos y no existía ningún tipo de producción independiente. Entonces las villas se hicieron un laboratorio de la nueva cultura popular, nacional e indígena migrada en la boca del puerto. Se mezcló el kolla del altiplano con el quichua santigueño, el toba del Chaco con el guaraní de los Esteros. La cultura criolla renació en la capital gringa: en el Palermo Palace, en medio de la ciudad de hijos europeos, se bailaba chamamé y milonga.

El mestizaje del interior se desparramó en una lugar que se sintió otra vez ocupado, como un siglo antes cuando Sarmiento advertía el peligro de la barbarie rural invadiendo la ciudad occidental. Apuntaba Cortázar sobre los “negros” (“Las puertas del cielo”, 1951): Asoman con las once de la noche, bajan de regiones vagas de la ciudad, pausados y seguros de uno o de a dos, las mujeres casi enanas y achinadas, los tipos como javaneses o mocovíes, apretados en trajes a cuadros o negros, el pelo duro peinado con fatiga, brillantina en gotitas contra los reflejos azules y rosa, las mujeres con enormes peinados altos que las hacen más enanas, peinados duros y difíciles de los que queda el cansancio y el orgullo. A ellos les da ahora por el pelo suelto y alto en el medio, jopos enormes y amaricados sin nada que ver con la cara brutal más bajo, el gesto de agresión disponible y esperando su hora, los torsos eficaces sobre finas cinturas.

Para entonces, la barbarie tuvo otro líder y otra revolución. No es casual que haya sido Perón, en 1954, quien devolviese al Paraguay los trofeos de guerra saqueados durante la guerra fraticida. Hoy, la historia del mestizo, del guaraní, de las milongas y el chamamé, de la cultura de las provincias, de la cultura villera es la gran deuda de la cultura nacional. Sin conocer nuestra historia, sin reivindicar nuestro origen mestizo, nuestra cultura indígena y criolla, se desdibuja cualquiera apelación a la cultura popular.

Las villas, los barrios obreros, los asentamientos son nuestra épica del siglo XX: la migración, la ocupación de tierras fiscales, el enfrentamiento con la policía, la propia voluntad de levantar los ranchos, abrir las zanjas, lograr el alumbrado público. Fueron la conciencia del 17 de Octubre, la resistencia del peronismo exiliado; allí donde la Dictadura fue más violenta. En los `90, cuando la clase media alta vendió al país por sus cuotas personales, en las villas nacieron las grandes resistencias al liberalismo. La letra “El fortín” de Yerba Brava (“100% villero”, 2001) lo relata: “Me quieren correr, nos quieren barrer / me tiran el rancho y el tuyo también / dicen que mi barrio esta lleno de hampones / que solo es un fuerte de droga y ladrones. / En sólo una hora se llenó de botones / para tirarlo abajo y levantar mansiones/ (…) Y ahora tirado estoy / debajo de un puente voy / porque somos marginados / en pelotas nos dejaron. / Y ahora tirado estoy / donde vamos a parar / quemen gomas en la calle / que mi fuerte hay que salvar.

Mariano Dubin

Este texto es una continuación del ya publicado en el blog como “La negritud como estética. Política y poesía en la cumbia villera” y pertenece al libro Pensar el Bicentenario

Nuestra épica

Hay señores muy respetados que chantan que “la experiencia terminó” o que “no hay nada para contar”. Para ellos la historia finalizó cuando Quijano suspiró su fin y ya no hay otra que tomar pastillas para no angustiarse y escribir engorrosos libros que nadie lee sobre la angustia del mundo; pocos los conocen, pero vaya a saber qué favor editorial o afinidad de bolsillo o parentesco cruzado con los académicos, pero cuestión que estos giles tienen cartel en todos lados. Entonces nuestros burócratas y punteros del buen decir vienen con los grandes fines: “en Argentina no hay gauchos” “en Argentina no hay relato” “en Argentina no hay historias”. (Es posible que esta gente sea un experimento de la Bayer para saber cómo funcionan las pastillas en la producción de escritura, como no tienen más judíos para experimentar vienen a las Universidades Argentinas que están llenas de giles, que se comen la última novedad porque de hecho no tenían nada para hacer antes que eso.)

Yo no sólo voy a decir que en nuestro país hay relato sino también, sin ninguna exageración, que en América vivimos aún una etapa homérica y donde los dioses y los humanos compartimos el mismo mate.

Hubo un momento que no hubo más geografía que el arroyo del Gato: allí fume mis primeros fasos, con la vagancia, con Santi (que Dios me lo guarde: ya nos encontraremos en otra jugada). En el arroyo del Gato se extiende una villa que es la extensión del campo en la ciudad. De grande, pude abrir allí un taller literario con los pibes de la villa. Ahí aprendí toda la literatura que no había aprendido en seis años de la Universidad; aprendí que la literatura es antes que nada un cuerpo. Una vez en la calle 2 y 515 estaba Marcos, un chico que cartoneaba en su yegua y que era para mí un criollo viejo con sus nueve años; me avisó: ayer anduvo el Lobisón, y se llevo una gallina de Marta, y a otra muertita le dejó los dientes clavados.

Me podría haber reído de eso, pero yo también anduve en el monte. Una vez, ya estaba muy metido en la selva paranaense; cada vez me metía más y sentía que necesitaba perderme ahí para encontrarme. Volví agusanado de una pierna, en ellas bailaban las larvas que una amiga paraguaya me ayudó a sacar con una aguja, una por una. Pero esto no tiene nada que ver con los gusanos que hacen crecer a América por dentro. En la selva hay un pájaro único: es un pavo de un tamaño importante que salta por las copas de los árboles. Verlo es hermoso y yo estaba de esteta en la selva. (Por otro lado, ya me había perdido dos veces antes en el monte: una en Amaicha y otra en la selva cuzqueña, pero ya me había olvidado.)

La cuestión que el pavo ese me creció la maldad y quería verlo bien, nada de verlo desde las copas y quería que baje; oscurecía y me agarré varias piedras a la orilla del Urugaí. Y lo fui molestando mientras él saltaba por las copas y yo lo perseguía a los piedrazos. Me metía en esa huella que se cruzaba en otras huellas que hacen los cazadores del monte para ir a cazar. En un momento perdí el pavo, pero vi una claro y a unos seis metros una huella que se abría perfecta, oscura. Y entonces se escuchó un silbido redondo, humano, pero con ese tono de hornero inconfundible del Pomberito. Me santigüé varias cruces, porque en esa huella estaba ese señorcito dueño del monte.

Varias veces recorriendo mi patria, me encontré con estas cruces; con lugares donde los muertos molestaban a los vivos, por cuentas pendientes. Donde las madres les pedían a sus hijos que abandonen el pueblo por el azote de ánimas en pena. Conocí gente poseída, vi a un cura villero en Villa Fiorito curando a un paraguayito poseído.

El ateísmo, las pastillas para no perder el pulso del corazón, el progresismo son las drogas duras de la clase media. Es un racionalismo de poca monta, porque ni siquiera esperan como alguna vez intentó el racionalismo entender el mundo. Este es un racionalismo que caga papers porque la palabra ya no tiene ningún valor mágico, litúrgico, político o poético. Allí la palabra tiene el gusto de un cigarrillo con café a las siete de la mañana para ir a un congreso.

Hay una Argentina donde los dioses y la muerte andan corretenado los pasillos de la villa, los cerros; donde la palabra puede traer pestes y puede contener grandes lluvias. Aburrirse en ese país, es de pecho frío. Desde miles de años el pueblo guaraní migra para llegar a la tierra sin mal: hoy la gran tarea de la revolución que nace con nuestro origen villero y guaraní, nuestro reordenamiento cosmogónico del acá y el ahora, se acerca.

Cuando se termine la guerra de Afghanistán, cuando los yankees sean humillados y derrotados en los desiertos, van a venir acá. Entonces, se verá cómo nuestros dioses se consagran con una nueva guerra; acá habrá bardos y dioses. El racionalismo de poca monta será pisado por ese racionalismo de misiles teledirigidos y nuestro pueblo volverá a poner en su lugar el relato, los dioses y la historia.

Sobre el mail de una ecologista


Hace unos meses me llegó el siguiente mail de una joven platense preocupada por la fauna urbana:

chicos y chicas, a los que estén en contacto con proteccionistas de otros grupos.

en 13 y 73 viven cirujas, siempre están llenos de perros, hoy pasé y tienen atado en la puerta a un dogo de año y medio, precioso, con collar de cuero marrón ancho, color blanco, con la cola entera.

es la primera vez que lo veo, está recien robado. El ciruja me dijo que era de el, yo paso todos los días y es la primera vez que lo veo. por favor, difundan esta mail, el perro está en buen estado, seguro piensan venderlo a otro croto como ellos que lo van a matar de hambre.

POR FAVOR, LES RUEGO QUE DIFUNDAN A TODOS LOS CONTACTOS, PROTECCIONISTAS Y DEMÁS. EL PERRI SE DEJO ACARICIAR Y AGRADECIO CON LENGUETAZOS LAS CARICIAS. ME MATA PENSAR QUE EL DUEÑO LO BUSCA Y CUAL SERÁ SU DESTINO.

DIFUNDAN HOY, POR FAVOR, TAL VEZ EN 2 DÍAS SEA TARDE!!!!!

GRACIAS A TODOS

Entonces, le tuve que contestar:

chicos y chicas (incluyendo también a mestizos y zambos, pero exceptuando a mulatos negros y amerindios puros.) En general enviado a personas que aún tengan un poco de sensibilidad por la vida silvestre (pero sin ser ellos mismos parte de la vida silvestre por eso no incluyo a mulatos, negros y amerindios puros. Lo de zambos y mestizos no estoy muy informado si alguien sabe me manda un mail, please.)

Hoy caminaba por manzana 3 de Barrio Obrero (Berisso, Argentina) y vi que una persona pobre (Berisso, Argentina) dígase un "Croto" que dormía apoyado a una casilla de chapa y madera, dígase espacio material donde vive gente pobre (Berisso, Argentina) aunque no necesariamente mulatos, negros y amerindios puros, por eso pido que alguien me facilite un nomenclator para los mestizos y zambos, please.

En esa casilla de chapa vive el croto acompañado por animales que no opacan su condición de pobreza (suciedad, costras en dedos, vahos de cloaca boacal.) Principalmente por perros que son tan despreciables que ninguno de nosotros debería acercarse (sé que un trabajado social se contagio de dengue por hablar más de cinco minutos con el perro del Croto.)

Hoy pasé, decía, y tienen atado en la puerta un Dragón de Komodo, lagarto en peligro de extinción, como sabemos toda la gente con sensibilidad en la vida silvestre (sin ser parte de ella). El dragón es precioso, con collar de cuero marrón ancho, color blanco, con la cola entera (todos sabemos la manía de, dígase pobres crotos de Berisso (Argentina), de cortarle a los primos de los Dragones de Komodo, los famosos lagartos overos de monte de Berisso, la cola para hacerla milanesa.)


Es la primera vez que lo veo, está recién robado. El ciruja (Berisso, Argentina) me dijo que era de él, yo paso todos los días y es la primera vez que lo veo. Además, qué piensa este croto de mierda que no me doy cuenta que él no puede viajar a Indonesia, si no conoce ni Punta Lara (Ensenada, Argentina.) Por favor, difundan este mail, el Dragón de Komodo está en buen estado, seguro que piensan venderlo a marineros rusos que llegan a fin de año al puerto de Berisso y salen a cabaretear por el Barrio Obrero o peor, venderlo a otro croto como él para hacerlo milanesa.

John Fernandez.-

Cumbia villera


Suele ser cómodo confundir la historia de uno con la del mundo. Posiblemente, si uno habla con un señor de clase media considere natural decir que la Argentina es un país poblado por descendientes de italianos, judíos, polacos y españoles. En cambio los indios, los mestizos, los gauchos le parecerán cosas de libros, de westerns malogrados. Sin embargo, es posible que también repita una y otra vez, cuando vea gente pobre y de facciones oscuras y angulares, la frase “negros de mierda”. Así la negritud se transforma en la pesadilla fantasmagórica de la clase media; no existen en cuanto a historia, pero existen en cuanto a peligro: negros chorros, negros cabeza, negros vagos. Son el peligro de malón, el latente temor de la burguesía al atentado de la propiedad, al orden establecido.

La identidad argentina en el discurso del poder son los barcos, la inmigración europea, la historia de la clase media que se construyó a si misma por fuerza de trabajo. En cambio la historia de los mestizos, de los criollos y de los indios no existe. Sin conocer el origen de las villas miseria no se podrá entender el logro estético de la cumbia villera. Hacia la década del `30, migrantes las provincias pueblan los alrededores de Buenos Aires; se crean así gran parte de las villas y barrios obreros que lograrán el triunfo político del 17 de Octubre.

Pensemos ahora la década del `90. La década donde las ilusiones liberales nos prometían entrar (vía naves espaciales y estratósfera, según el presidente) en el país del primer mundo; donde se inundaba el mercado con mercancías extranjeras; donde la clase media mandaba a sus hijos a estudiar inglés; donde la pobreza y la marginación bullía por detrás de las quimeras liberales.

Apareció, entonces, entre las postrimerías del Menemato y los primeros años del siglo XXI, un género musical que colocó en la primera persona de sus letras (tal como ya lo había hecho la gauchesca con Hidalgo y Hernández) la voz y la justicia de los que por sus razones sonaban como campanas de palo. Decía una letra de Mala Fama: “Que Microsoft que pininglish / I am sorry tomatela / yo soy de acá y acá me quedo / (…) siempre seré zarpado de argentino”. Las letras de cumbia villera retomaron su negritud provinciana para hacer una trinchera estética y política frente a las clases sociales “blancas” y “extranjerizantes”. Decía Meta Guacha: “Tienes la piel mas clara / paseas en auto por la ciudad. / Yo vivo en un barrio pobre / donde se aguanta a mate y pan. / No sé quién te dio derecho / para decirme negro del Plan: / ya sabés que a este negro / donde vos quieras lo podés probar.”

La cumbia villera no sólo incomodó al buen gusto de los universitarios, poetas y otros punteros del buen decir. El Estado y los medios monopólicos de información lo encontraron peligroso. Habían logrado lo que todo poeta de poca monta desea: espantar al burgués. El Estado tomó nota de un género que molestaba con sus canciones sobre la pobreza, las injustitas sociales, la negritud. El COMFER, en el 2001, publica un documento donde se promueve su censura por motivos tales como contraponerse al “sistema de valores consensuado”.

Mientras parte de la clase media se volvía en sus barcos a España e Italia y completaba una parábola del discurso liberal, los villeros elaboraban por primera vez una conciencia de su origen a través de una estética original. En el 2002 no se pudo escuchar por radio y televisión al género; había obtenido un logro estético alcanzado antes por el tango y el lunfardo: la proscripción estatal.



Este es un artículo que escribí para el nuevo número de la revista Oveja Negra con el título “La negritud como estética: política y poesía en la cumbia villera”.




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Cuando el miedo se hace oligarca

Las clases dominantes conjuran a través de la literatura gran parte de sus miedos frente a la irrupción del Pueblo en la historia. No hay cuestión más aterradora que la barbarie que amenaza sus privilegios.

Hay miedos que se repiten. La literatura pudo encauzar o promover muchos de ellos. Hay uno que recorre todo el siglo XIX y XX: el de las clases altas por la ocupación de las clases populares del espacio urbano. El control de la calle es finalmente el control del poder y ese miedo por lo tanto no es un miedo más: es el de perder los privilegios con que se constituyó una clase. En el siglo XIX el miedo se propagó a través de los carnavales de los negros, en la insolencia de gauchos e indios frente a las formas pautadas de la civilización, en la ocupación de las ciudades por la “barbarie rural”. Proliferó cierta literatura basada en la paranoia: Amalia, Facundo, El matadero. En todas ellas la paranoia del poder funda un tema: la invasión. En el siglo XX, el peronismo actualiza el miedo. Primero el 17 de Octubre y después los actos oficiales del peronismo inauguran una época: la ocupación de las ciudades por la clase obrera. Del 17 de octubre proliferaron muchas imágenes: la de la plaza llena, la de la clase obrera abandonando las fábricas, la de la primera espera a Perón. Hay una, acaso la más famosa, que nos interesa: la de las gentes remojándose sus patas en la fuente de Plaza de Mayo. Es el desdén de los pobres a la “civilidad” burguesa, a la buena forma de circular una ciudad; es el vivir de los barrios en el centro; una fuente finalmente es simplemente una provisión de agua. Ese acto mínimo atenta a las verdades con que una clase construyó una ciudad: atenta políticamente porque ocupa un espacio céntrico que no le es permitido; atenta culturalmente porque profana un objeto y un espacio que el liberalismo fetichizó: la plaza y la fuente. La fuente es la cultura occidental y para el poder no tiene más uso que el de significar una pertenencia de clase: “somos Europa”, es decir, “no somos Latinoamérica”. El desprecio acaso ingenuo de poner las piernas a remojar en el agua es potencialmente la integridad de las clases populares frente al poder. Es la política que se torna identidad y una identidad que se torna política: es la apropiación popular de los objetos del poder. En las clases altas y medias, la invasión fue también sobre la identidad y actualizó la literatura de la paranoia que Sarmiento canonizó con su Facundo. Los blancos se escandalizaron de que los negros bailen (“Las puertas del cielo” de Cortázar) o de que los negros hagan política (“La fiesta del monstruo” de Borges y Bioy Casares) pero ese terror se sintió esencialmente como la pérdida de un espacio, como una “casa tomada”. En el cuento de Cortázar el protagonista afirma que desde 1939 ya no llegan libros desde Francia. En la frase se cifra la pérdida del control de la ciudad por las clases altas; la cultura europea es la fórmula de escapar del miedo. En el final de Amalia (1851) de José Mármol, por ejemplo, los personajes Eduardo y Daniel, unitarios provenientes de las clases ociosas, antes de ser atrapados por la barbarie hablan en francés ya que suponen el idioma secreto de su clase los podrá liberar. Para el liberalismo la lengua francesa (la cultura occidental) era la fórmula de inventar su clase. Ellos son occidente, las instituciones, la civilización. Lo demás, como lo describió Echeverría en La Cautiva es desierto, barbarie. Fuera de la civilización no hay nada: On ne tue point les idées escribió Sarmiento en el desierto sanjuanino. La invasión es el tema predilecto de la literatura argentina porque se intuye que en el desierto, en la nada, está la desaparición de la civilización. Que en el cuento “Casa tomada” se escriba que no llegan libros desde 1939 significa que el protagonista (un señor bien que vive de rentas del campo) ha perdido la fórmula con que convertía al mundo ajeno a la civilización en “nada”. Así cuando el pueblo se subleva, como en las revueltas federales o en el 17 de Octubre, destruye todas las ilusiones del poder (occidente, la lengua extrajera, etc.) Para la burguesía todo lo sólido se desvanece en el aire. Vive atemorizada por el temor de perder su condición. Ese temor se vive hoy: en cada movilización, en cada piquete, en cada acto de trabajadores se resiente la paranoia del poder.




publicado en Revista Oveja Negra, número 6.-

Entrevista a Daniel Santoro

“El peronismo es una epopeya políticamente incorrecta”


A continuación presentamos una entrevista realizada por Lorena Morena en Oveja Negra número 5 al pintor Daniel Santoro:


Hace muchos años que trabaja con la estética peronista pero recién ahora hay más reconocimiento, ¿no?
En los últimos diez años hubo una pérdida de los prejuicios sobre el tema peronismo. Podríamos decir que el peronismo, como objeto cultural, es como un buque fantasma en el mar de la cultura y nadie se animabaa entrar porque pensaba que estaba la peste abordo. Alguno entraba con máscara, como Tomás Eloy Martínez. Siempre hay alguno que tiene algún abordaje con garantías tecnológicas para que no se contagie. El problema es la contaminación que produce el peronismo ¿no? Es contagioso, es radioactivo. Uno tiene que aclarar que no es peronista en el mundo de la cultura.


¿Las dos cosas no se pueden?

Y… eso te homologa. Tomás Eloy Martínez vivió de las novelas de Perón y Evita, toda su obra es eso, pero él noes peronista. Si encima sos peronista, cagaste. Se apartan de vos porque sos la peste. Eso se perdió en los últimos dosaños. Hasta pueden decir que son peronistas. No te inhabilita en el mundo de la cultura.

¿Por qué se dio ese cambio cultural?

Ese abordaje creo que sucedió porque tanto tiempo estuvo el barco, que algunas generaciones se fueron olvidando de ciertas cosas. El olvido del ser. Ya no sabían qué pasaba, entraron y encontraron el gran relato histórico. Se construye en el gran relato que toda identidad cultural necesita. Tiene que tener héroes, heroínas. El peronismo tiene un lado oscuro interesante, de monstruos, de tinieblas. El lado oscuro racial y también porque vienen de la oscuridad, como el malón.

¿La oscuridad le gusta?

Si, es la oscuridad racial del mestizo y el americano. Esa pertenencia latinoamericana para la Argentina siempre fue una inconveniencia. Ese pensamiento que tienen ciertas personas de no merecer lo que les toca. “No merecemos ser latinoamericanos, tendríamos que ser europeos, para eso tuvimos un desierto inventado por Roca. Gracias a eso, nos pudimos construir en un país casi no latinoamericano”.

Ese pensamiento fue cambiando políticamente ¿en la sociedad también?
Más o menos, creo que las cosas no cambian por una decisión política. Hay algo constitutivo de por qué lo americanoes visto como lo sucio y la pureza es lo europeo que después se traslada al peronismo con el aluvión zoológico, el malón. Es una agresión a los valores de la cultura. El peronismo, desde el valor cultural, es el malón inconveniente que vino a quitar, de principio, nuestra pureza.


¿Tenemos todavía en nuestra mente la representación de civilización y barbarie?

No cambió absolutamente nada. El cuadro fundante “La vuelta del malón”, es porque vuelve el malón como amenaza pendiente. El 17 de octubre vuelve el malón. Nuestra cultura está trazada por la tilinguería. Nos construimos un destino merecido en la Avenida Alvear, mediante el urbanismo. Son cuatro cuadras de ficción. Y después vienen los negros a etertelas patas en la fuente, a invadirte ese espacio urbano que ya construiste. La tilinguería es eso, querer estar en otrolugar. Por eso Victoria Ocampo es el paradigma del que trae visitas apostólicas en sus palacetes a reafirmar que somos lo que vale la pena de Latinoamérica.


Victoria Ocampo era la versión elite de la cultura…

Y ella pretendía que lo popular elevara su nivel, algo que es contradictorio en sí. Eso es querer ser la vanguardia, decirle a nuestra gente como son las cosas. Por eso nuestra izquierda se mueve bien en el ámbito de la cultura. La vanguardia siempre trata de enseñar algo al pueblo. Quiere enseñarle que para hacer la revolución hay que leer un par delibros. ¿Realmente habrá que leer libros para hacer una revolución? En aquellos lados donde se leyeron muchos libros para hacer la revolución ¿funcionaron realmente? Uno a veces escucha autocriticas tardías de haber leído mal o haber leído innecesariamente, o haber leído los libros equivocados. Libros se leyeron siempre y revoluciones fracasadas hubo siempre.

¿Y para el peronismo?

Esa son las cosas que el peronismo ignora o no son importantes y ahí es donde están todas las críticas: que son populistas, bonapartistas, degradaciones. Siempre un hecho revolucionario, en la cultura o en cualquier otro ámbito, irrumpe. ¿Qué se yo qué es el peronismo? Pero irrumpió. Estaba en el aíre y se canalizó de alguna manera.

¿Hubo una necesidad?

Claro, y se motoriza una épica donde los pueblos avanzan. Y si hay una buena, el pueblo puede tener un destino, sino no tendrá destino y necesitarán los héroes como Eva Perón.

Hay cuadros que son afectuosos y otros que son…

Jodidos.

Jodidos. ¿Hay una lectura política de eso?

No hay una lectura política directa, es más sicológica. Yo no intento hacer un arte político que ilustre un hecho revolucionario. Me gusta correrlo y hacerlo más complejo con capas de lectura. Por ejemplo, el cuadro de Eva y el Che. Hay un imaginario en los pibes jóvenes de construir la pareja revolucionaria que sea un emblema. En los hechos, Eva lo hubiera fusilado al Che. En las banderas está Eva y el Che Guevara y no está Perón. El que hizo la invención política de la cual Eva se consideraba un soldado insobornable de la causa, no está.

¿Por qué?

Porque él no es iconizable. Ese tipo de operaciones son muy de clase media, haciendo purificaciones para que todo parezca más prolijo. Como los gobiernos progresistas. En el progresismo todo tiene que ser luz, si hay un poquito de sombras se va todo a la mierda. ¡En el peronismo eso es una huevada! Yo detesto al progresista. Son los porteros del canon social. Negocian, se ponen de un lado, del otro y siempre terminan cagandote.

¿El peronismo es más humano?

¡Claro! Tiene esas miserias, no tiene una moral pura. Ese mural donde Eva se come las entrañas del Che es un rito,como cualquier cultura latinoamericana donde se comían gente que pensaba que iban a darle energía. Eva ahí estátomando cierta energía de la izquierda que alimenta al peronismo. Hay una circulación de energía que hace que la izquierda siempre esté débil y el peronismo tenga un resto de energía abasteciéndolo.


El peronismo es mucho más amplio…

¡Si! Y tiene más las urgencias de la realidad. La gente se caga de hambre, no rompas las bolas. ¿Qué vas apedir? ¿Sacrificio de generaciones? Repartimos la guita y después vemos. Si, después se pudre todo pero de la otraforma también, y encima matas un montón de tipos. 70 años de revolución para comerte una hamburguesa¡dejate de joder! La gente después no se va a la izquierda, después se va a la derecha. El peronismo no tiene eso. Lagente tiene una sola vida

¿Y también deslegitimizan los métodos del peronismo? Cuando movilizan a la gente…
Si ¿el pobre como se va a movilizar? ¿En auto? ¿Y qué? ¿No van a comer? Claro, vos te vas a un restaurant a comer la rúcula. Como es negro, es entrañablemente corrupto y va por eso. Si él va a romper las pelotas al centro y no necesita más que eso ¿cuál es el problema?

Piensan que son manipulables

Pero al poder le sirve más la clase media porque la manipulan por televisión y es gratis. ¡A los negros encima le tenés que pagar! Los otros leen La Nación y van a la manifestación. Pero en serio, es la discriminación. Como hablamos al principio, tan racista que no queremos ser latinoamericanos.


¿Y el peronismo es el culpable?

El peronismo es una fábrica de clase media. El negro aprende a manejar auto, a ir al banco, a tener su casa y es una persona de clase media a través de un hecho revolucionario que es la justicia real. Ese pibe iba a ser la mierda de la sociedad y lo pones ahí. Es una locura de justicia, un hecho nunca visto. Te hace un burgués que va a querer gozarcomo vos. ¡Te arma un quilombo tremendo! Y la CGT es, para la clase media, el lugar del goce real. Ahí está el peronismoen estado puro. El caldero del peronismo funciona ahí. Es una epopeya políticamente incorrecta.

Apartado: CGT: Alerta, negros gozando

"Yo pinto a la CGT en mis cuadros. Vos podés pintar a Eva y Perón y desde el mundo de arte te lo pueden tolerar. Y si los pintas medio kitsch mejor. Pero si pintas a la CGT es la catástrofe total. Eso es racismo: la CGT es la encarnación del negro que te puede cagar la vida a vos porque tiene poder. Es un malón en la ciudad que habita un edificio enpropiedad horizontal. El malón sube y baja en ascensor todo el tiempo. Lleno de mitos, de gente que no era nadie y ahora es “Cavalieri”. ¿Cómo puede ser? Es un desorden social inadmisible para algunos. Cualquier negro con unpoco de inteligencia y goce llega alto. El mundo de la clase media se imagina que es todo corrupción. Al negro le reclaman por el goce cosas que no le reclaman a nadie. No le reclaman al empresario que se compre el Armani ni la Ferrari, porque suponen que su dinero es limpio. Para ellos, la corrupción de un negro es peor que la de un blanco. Al negro, moralmente, no se lo puede perdonar. Con el “cabeza” no hay justicia de ningún tipo. Ni siquiera califica como racismo. Y cuando se filtra por la CGT, el cabeza se reivindica y entra a gozar como loco”.


sobre Posted by: Corte y confección de antología de Gabriel Báñez.

Hace muy poquito mi amigo Juan me acercó el libro. Con cierto recelo de haber compartido la misma ciudad y la escritura (ya Schopenhauer explicaba la incapacidad para la afinidad entre personas de un mismo oficio, empezando por las mujeres, claro está) me dejé en la cama a leer estas crónicas impecables.
En “Originales de peso en Finca Figía” los museólogos cubanos descubren bajo distintas capas de pintura inéditos de Hemingway. En un congreso de pompa oficial presentan la revelación. Imposible no recordar cualquier Universidad: la tortuosa e imposible traducción de autores clásicos; el descubrimiento filológico de un manuscrito de un autor consagrado que tranquilamente lo hubiera podido escribir mi vecino de seis años; soporíferos críticos que ahuyentan al más inflexible de los lectores de la buena literatura. Sin embargo, Bañez no necesita denunciar ningún tipo de snobismo académico o burgués. Prescinde de tal denuncia. Simplemente explica qué son los inéditos de Hemingway: anotaciones marginales en el baño del escritor sobre su masa corporal entre los años 1942 a 1953.
En “John Fante y Karl Krauss” entendemos la irreverencia de Bañez con el canon literario (una de las tantas veces que nos recordará a Arlt.) Allí presenta a Fante a través de una edición de Selecciones del Reader´s Digest. No es una fácil reivindicación a las malas traducciones, sino una apología a la narrativa. Como en Arlt la literatura es siempre traducible. Las traducciones siempre esperan “fallas virtuosas”. Quién no recuerda, otra vez, a Robertito leyendo malas traducciones españolas… este gesto deliberado es un hipérbole de sus lecturas (para nada complacientes con algún requisito a la moda): Fante, Lynch, Mrozec, Ma Jian, Styron. Muchos de los cuales nunca he leído y (sin Internet a mano) podría sospechar invenciones de Báñez.
Los temas se presentan azarosos. Sin embargo, Bañez aprovecha el reciclado cultural de nuestros días para explicitar la impostura, la farsa: en “porno duro” nos enteramos que un crítico reveló la asidua compra de Kafka a pornografía, en “Genitivo” Mark Twain nos explica al Presidente Obama. Si el libro me encontró varias veces en mi cama riendo como un tarado, no puedo dejar de nombrar: “No hay que ser prejuicioso” donde los cuernos maritales se mezclan con los ovnis o “Bilocación” donde un albañil se asume en dos lugares al mismo tiempo.
Esta joyita, además, se puede conseguir gratarola en la editorial de La Comuna en el Dardo Rocha.