Milagro Sala



En el país de los Braun, los Martínez de Hoz y Blanco Villegas, una india es presa política. Cuéntenla como quieran. Más allá que haya algunos negritos ceba mate más que contentos. Miremos lo central: hoy la familia genocida de Jujuy está festejando. Esa familia podrida que una y otra vez Macri consideró una de las familias modelo de Argentina como cuando Nelly Arrieta de Blaquier fue designada embajadora cultural de la Ciudad de Buenos Aires “por su entrega y compromiso en favor del país”. Los Blanco Villegas / Macri lograron su capital cortando pelotas de indios, estaqueando gauchos, desapareciendo compañeros: familias caníbales los dueños de la tierra. Ojalá que estos mierdas alguna vez se pudran en la cárcel: los Macri, los Braun, los Blaquier, los Martínez de Hoz. Libertad inmediata a Milagro Sala!

En Uruguay


Antología poética publicada en Montevideo, 2016. Por Yaugurú.

Cosas de zorro



/leuvucó/

/ estaba donde buscaba / la tumba / buscaba donde la huella / el gran Guor / estaba donde buscaba / cacique ranquel / que mi abuelo / había mentado / cacique ranquel / de puro andar /  el hambre / cacique ranquel / donde laguna / cacique ranquel / que mi abuelo había mentado / que un día / que un día volverá desde Leuvucó / dijo / y todos seremos libres y todos / que un día /seremos iguales / eso dijo / cacique ranquel / por eso mentado /
el gran Guor /

*** *** ***

/ estaba dormido / o estaba despierto / quiero decir / estaban ellos en mí / quiero decir / como cazando en el desierto / en mí / en caseríos desconocidos / ahora / había comenzado el viaje / después / para mí / subir a un sin saber destino / subir a otro / hacer dedo / quiero decir /camiones viejos / rastrojeros / motos / caminando / otro micro / escuchar / como el zorro / a la noche / en un cruce de caminos abandonados / dormir / cuando pasa le hace seña / me dice / escondida entre arrugas / no es lo que es / me dice / no es lo que es / tenga cuidado / el hambre / no se apure / cuando llegue / será comer piedra / no se fíe / cuando llegue el hambre / tendrá miedo /
si me disculpa /

*** *** ***

/ se perdía en huellas / en perdices / se detenía cada / otra vez / donde subían / caras imprecisas / como un sueño / dormitaba / la sed / la garganta seca / y el traquetear que golpeaba / mi cara contra un vidrio / una radio / alguien escuchaba una radio / tierra que secaba la garganta / una agüita dijo / un nene detrás mío / o soñé / mientras la radio / contaba de unos cuatreros / o de unos caballos perdidos / o de un músico que había muerto / y la viuda / decía / diosito / por qué ahora /
por qué ahora que estamos tan pobres /

*** *** ***

/ cuando abrí / los ojos / cuando abrí / la sed me invade / bajo / porque la sed me invade / no saben / cuando abrí / la sed / sin preguntar / la sed es una serpiente / dentro mío /
la serpiente está viva /

*** *** ***

/ había / para entonces / mojado mi cara / no saben lo que es la sed / al salir / se había ido / estaba sólo en una estación / abandonada / ningún rastro / ningún micro / como si el sueño se hubiera ido / y yo / no saben lo que es / solo / bajo el sol / no saben / el desierto / cerca de Leuvucó / sentí / que tenía una piedra / en el corazón / y debía volver caminando / donde / había vuelto sin / darme cuenta / en la laguna de Leuvucó / estaba donde buscaba / no saben / la sed / lo que buscaba /
estaba donde sol /

*** *** ***

/ laguna de Leuvucó / tierra del gran Guor / y yo sin agüita / sin caballo / sin micro / sin bolso / sin /
en la laguna de Leuvucó /



2016. Año yeta como pocos, si a alguien le debo haber publicado tres libros este año es a Mauricio Macri. O no hay Macri que por bien no venga, digamos. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado por Malisia Editorial (edición a cargo de Pablo Amadeo), Parte de guerra por EME revista editorial (edición a cargo de Juan Augusto Gianella, Vero S. Luna y Agustín Arzac) y Cosas de Zorro por SIRGA ediciones (edición a cargo de Juan Bautista Duizeide, Fabiana Di Luca, Laura Valencia y Diego Roel). Agradezco a todos quienes estuvieron poniendo cuerpo y cráneo a estos libros.


Escuela Popular Tinku


La escuela popular Tinku: una de las experiencias educativas más interesantes que conocí este año. Felicitaciones a las compañeras y compañeros del Movimiento Seis Mil por poner el cuerpo a la búsqueda de un socialismo indoamericano. O como diría Paulo Freire hablando de educación popular y política revolucionaria: Hay que citar menos a Marx y vivirlo más. Hay que cambiar el lenguaje. Hay que aprender la sintaxis popular. Hay que perder el miedo a la sensibilidad. Hay que ser menos dogmáticos y más radicales. Hay que superar los sectarismos que no crean, que castran. Hay que aprender la virtud de la tolerancia. Y la tolerancia es una virtud no solamente espiritual, sino también revolucionaria, que significa convivir con el diferente para luchar contra el antagónico. Esto es la tolerancia. En América Latina vivimos peleando contra los diferentes y dejando al antagónico dormir en paz.

Bienvenido Baby: ¡somos todos unos negros de mierda!



Mariano Dubin le responde sin ambages a Baby Etchecopar, quien desde las cloacas comunicacionales desea la muerte de los “negros de mierda”. Una radiografía del hombre común, el verdugo que se niega a ser la mano ejecutora del poder, el vecino con fantasías de blanco europeo y miedo de indígena y negro. En La Tinta. Periodismo hasta mancharse.

FIDEL




Fue un viejo amigo de toda mi vida. Era un pendejo bocón, trasnochado, irrespetuoso en medio del menemismo y cada vez que me decían eso ya pasó de moda yo recordaba a Fidel. 
Nombrar a Fidel en lo ´90 era no entender nada. Y yo no quería entender nada y estaba Fidel para bancar la parada.
Mi viejo había estado varias semanas secuestrado y cada vez que me decían que eso había quedado en el pasado, que el tiempo era otro, como en una épica ajena y propia, yo decía Fidel. 
Hace poco escuché el discurso de Hugo Chávez en su primera visita a La Habana. Decía que todos los jóvenes que viajaban a Cuba, por primera vez, en realidad, estaban realizando su segundo viaje. Porque durante años habían viajado en sueños y esperanzas. Moriré sin haber conocido la isla de Fidel, y recordaré este año yeta como pocos.
Habrá mucho para decir. Yo tengo poco.
Fidel, ante todo, es un amigo de la adolescencia. Ese viejo me bancó la parada miles de veces. Gratitud total.

¿Qué pensamos de lo popular?



Nota publicada en La tecl@ Eñe.

A cuento de la poesía, la muerte de Cohen y los poetas cantores.

No hay pregunta que encuentre más infértil que aquella que busca definir qué es poesía y qué no. Décadas atrás, Raymond Williams, descubría lo mismo en relación al marxismo: no hay pregunta menos revolucionaria que preguntarse qué es y qué no es marxismo. Como si una noción académica nos asegurara un recorrido más o menos seguro de las derivas contemporáneas y las contingencias históricas. Siempre correremos el riesgo de extraviarnos, pifiarla, cagarla. Lo digo, hoy, aun defendiendo –creyendo- en la poesía y el marxismo. Pero como dijo otro marxista, los verdaderos ortodoxos somos los heterodoxos, acaso, porque más que defender una doctrina o unos ritos vacíos, defendemos una idea que, necesariamente, se transforma. O como aseguró Viktor Shklovski, el crítico ruso, la tradición es un movimiento que va de tío a sobrino, más que de padre a hijo. Entonces, ya nos metimos en varios quilombos epistemológicos, antes de decir absolutamente nada y sumemos otro: ¿qué es la tradición en este país sedimentado por culturas atávicas e hipermodernas, temporalidades superpuestas, y jetas de indios puros y de alemanes del Volga conviviendo en cualquier esquina?, ¿cómo no asumir, en estos ríos de tradiciones múltiples, que lo que pensamos como “la poesía” no es más que el encadenamiento de nuestros prejuicios y nuestras prácticas más que una zona de confort de nuestras asunciones?
Hace unos días murió Leonard Cohen y volvimos a descubrir la pregunta que se hizo con el laureado Bob Dylan: ¿es o no es poeta? Vuelvo a afirmar que esa pregunta es estéril. Algo menos estéril, creo, es preguntarse por qué consideramos en un momento dado algo como poesía. Las razones ideológicas, estéticas, de piel y de humor, que nos llevan a tales decisiones. Esa pregunta nos llevaría a discutir por qué en las carreras de literatura se leen poetas insulsos y oscuros –esas malas escrituras que se esconden en juegos de palabras que sólo festejan los amigos más cercanos y sus editores- y no a dos de los grandes poetas: Enrique Santos Discépolo y Atahualpa Yupanqui. Podríamos extender la lista: Violeta Parra, José Larralde, Alfredo Zitarrosa.
Las supersticiones, en realidad, son varias. Resumamos: en el caso de Atahualpa son de orden de un sesgo proveniente de una crítica que piensa que la Argentina es un país blanco y europeo. Con ese espíritu analizan la poesía de vanguardia de la década de 1920 y 1930. La cara de indio de Yupanqui confunde esto. Más aún cuando el poeta se afirma –con una autenticidad difícil de discutir- como gauchesco en un siglo que la teoría literaria asume al criollismo como simulacro y anacronismo. Mayor confusión trae que escriba en sextinas hernandianas, sus lecturas del Inca Garcilaso, sus apelaciones a un mundo indio en tiempos de una “modernidad periférica”. Como no se puede leer a Atahualpa Yupanqui y nadie se atrevería a decir que Yupanqui no es poesía, se prefiere no leerlo. Nada más cómodo que no discutir nuestros prejuicios. Con Discépolo, se repiten otros motivos. Uno muy evidente: es letrista de tangos. Se piensa que los letristas son una casta menor de la gran tradición literaria. La poesía, sin embargo, en todas las culturas, nació como parte de ritos muy precisos y fue, básicamente, música. Aún hoy, en la mayoría de las tradiciones estéticas nacionales la poesía es, mayormente, acompañada por música.
Hay quienes piensan que la poesía se define por alguna propiedad extraordinaria, por algunos efectos de lectura o –los más entusiastas- por alguna magia ritual. No tengo la capacidad de discutir tales afirmaciones y, probablemente, en parte sean todas ciertas. Algo más prosaico, creo, la poesía es un sentido construido de manera diversa y diferenciada por grupos, instituciones, sujetos que “hacen poesía” en el marco de ciertas regulaciones contemporáneas. Vuelvo a afirmar que la pregunta sustancialista es estéril. Mucho más su respuesta libresca: creer que poesía es lo que se prestigia en la constitución de un campo literario más o menos autónomo. Muchísimo más estéril es pensar que existe, realmente, algo así; la poesía, lejos de su silencio libresco, siempre estuvo acompañada por el acto: su modulación, su presentación social, su lectura ritual. En una huella más duradera de la poesía, ésta nunca se disocio de la música, del rito, de la palabra compartida, del encuentro físico. En ese mundo de los poetas curtidos, Leonard Cohen, nos deja decenas de poemas ejemplares. Y uso la palabra ejemplo, a propósito, como parte de esta deriva anacrónica, para citar uno de sus poemas que siento más cercanos y poderosos:

Like a bird on the wire,
like a drunk in a midnight choir
I have tried in my way to be free.
Like a worm on a hook,
like a knight from some old fashioned book
I have saved all my ribbons for thee.
If I, if I have been unkind,
I hope that you can just let it go by.
If I, if I have been untrue
I hope you know it was never to you.
Like a baby, stillborn,
like a beast with his horn
I have torn everyone who reached out for me.
But I swear by this song
and by all that I have done wrong
I will make it all up to thee.
I saw a beggar leaning on his wooden crutch,
he said to me, "You must not ask for so much."
And a pretty woman leaning in her darkened door,
she cried to me, "Hey, why not ask for more?"

Oh like a bird on the wire,
like a drunk in a midnight choir

I have tried in my way to be free.

Sedimentos de un desierto nacional



Un bibliografía de la saga Braun.

El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado




Un poema de la saga Braun.

Pan

Clima popular. Hoy en el semáforo de 13 y 72, un muchacho que andaba vendiendo estampitas se me acercó; como fanático de santos le acepté rápido pero me previno: “tengo San Cayetano y Gauchito Gil”. Mientras me pasaba el San Cayetano y chamuyábamos de una boludez, el tipo se quebró: “yo vendía cuchillos, hermano, me estoy fundiendo, mirame regalando santos ando”. Era un tipo fuerte. De esos albañiles todo terreno o peones de campo, que tienen el cuerpo a puro aguante. Me acordé, inmediatamente, de “Pan” de Celedonio Flores: ¿Trabajar? ¿A dónde? Extender la mano / Pidiendo al que pasa, limosna, ¿Por qué? / Recibir la afrenta de un “perdone, hermano” / Él, que es fuerte y tiene valor y altivez.

Charla con Sebastián Hernaiz


Tesis sobre mestizaje y política: en busca de una forma revolucionaria



Tesis publicadas en la La Tecl@ Eñe.

Los dueños de la tierra o por qué Macri en La Rural


Los Braun juntaron cada uno de sus billetes con las pelotas de los indios tehuelches a las que le pusieron precio y por las que lograron ser patrones de estancia; como un genocidio no les fue suficiente fueron los principales responsables de los fusilamientos durante la llamada "Patagonia Rebelde" y participaron en meganegociados con la última dictadura. Cuando David Viñas, en su novela "Los dueños de la tierra", le puso voz al primero de la progenie caníbal lo primero que dijo para definir a los Braun fue: “Matar era fácil”. Hoy son los patrones del comercio exterior en Argentina. Los Bullrich lograron sus campos financiando la matanza de indios. Hoy son los patrones de la educación y la seguridad en Argentina. La larga e infame familia Pinedo, nos dio un Federico ministro en los gobiernos conservadores cuando la Argentina festejaba ser una provincia británica y endeudaba el país regalando sus recursos y se creaba, a dicho de Jauretche, el estatuto legal del coloniaje. Hoy son los patrones de la rosca política para lo que saben hacer: pleitesía a la Corona. Los Prat-Gay crecieron a la fuerza del trabajo esclavo de la industria azucarera y de la financiación a Bussi que les facilitó el trabajo empresarial con la desaparición de cinco obreros que sudaban grasa militante. Hoy son los patrones de la economía en Argentina. Un breve repaso por las vidas y los apellidos del actual gobierno, un mix modernizador de las viejas oligarquías y de burguesías parasitarias que nacieron hacia la década de 1950 y lograron establecerse en la última dictadura cívico militar, muestra familias que lograron sus fortunas cortando pelotas, torturando y matando, haciendo que el Estado (digamos: los laburantes) pague las deudas que ellos nunca pagaron. Pero podemos seguir: un Frigerio colocó a Magnetto en Clarín, Marcos Peña es Braun y Macri es Macri. Estos apellidos lograron sus espacios políticos y económicos con las manos llenas de sangre, de corrupción, de violencia clasista. Descreídos de las mediaciones políticas y las zozobras democráticas, vienen a hacer lo que saben hacer. Poner orden cansados de la chusma. Y como en un cuento gótico, estos monstruos cada vez que no se los destruye vuelven fortalecidos de sadismo, osadía y odio.

El párrafo anterior lo escribí al comienzo del gobierno de Mauricio Macri; no sabía aún que Macri era Blanco Villegas. Descendiente de Conrado Villegas, uno de los militares más decididos y sanguinarios en el exterminio que decidió la clase dominante resolver el “problema interno”: saqueo y destrucción de los territorios indígenas, violencia clasista contra las revueltas federales, destrucción del Paraguay. Macri Villegas no olvida su estirpe sanguinaria; cuando hablan de la ignorancia histórica del presidente, yo recuerdo que siempre afirma: Sarmiento pensó el país, Roca lo llevó a cabo. Si la constitución del Estado moderno fortalece los residuos coloniales en la estructura etnia / clase y cualquier observador poco atento reconocerá que el color de la piel en Argentina es una yerra de clase, la “Conquista del Desierto” estructura, además, a nuestras clases dominantes. Todos ellos tienen su capital originario en un saqueo primigenio al territorio indígena; las tierras de Tandil, las llama el presidente.

No hubo, no hay, no habrá trabajo en los Macri Villegas, en los Braun, en los Bullrich. Ellos armaron un Estado hace más de un siglo cortando pelotas de indios, fusilando gauchos. Armaron un Estado con la nación marcada.



José de San Martín

Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de dominación española; una tal felonía ni el sepulcro puede hacer desaparecer.




José de San Martín, carta a Juan Manuel de Rosas, 10 de julio de 1839. En la versión pictórica, mi preferida, de Gil de Castro, 1820.

Chau Lopérfido!

Hoy renunció un tipo abominable. Responsable de casi cuarenta muertos durante la represión del 20 de diciembre del 2001. Además un negacionista del genocidio. Debería, sin duda, estar preso. Cadena perpetua junto a varios de los responsables de esas muertes. Este gobierno tiene a varios señores bien con las manos llenas de sangre. No olvidamos ni perdonamos. Braun, Lopérfido, Bullrich...

Martín Miguel de Güemes o tesis mestizas para una política revolucionaria

Los compañeros del periódico Cambio me invitaron a escribir sobre Güemes. Lejos de cualquier virtuosismo histórico (que, desde ya, carezco) intenté insistir con la idea de que la tarea de todo partido revolucionario es sistematizar y hacer programa de lo que el pueblo guarda de manera oral, diseminada, poética en su historia. El espacio me traicionó para hablar del proyecto de Güemes, San Martín y Belgrano de instituir una Monarquía Incaica precedida por un Tupac Amaru. Creo que demuestra que si no vamos más allá -o más acá- de las fórmulas que nos provee el iluminismo europeo, no hay revolución posible. Porque una revolución no es una actualización bibliográfica ni un problema documental sino hacer cuerpo de algo que todavía no está escrito.
En estos días leí desde el miedo de La Nación de reivindicar a un héroe del caudillaje barbárico hasta la izquierda que lo despachaba, sin más, como caudillo de la oligarquía, es decir, las fórmulas europeas para explicar el mundo indoamericano. Apuesto, sin embargo, a ese héroe que escuché en copleros, peones, criollos e indios. Insisto: las fórmulas del futuro están en los ríos profundos de nuestra sangre, nuestros héroes, nuestros muertos. Por eso escribí Martín Miguel de Güemes o tesis mestizas para una política revolucionaria.

El compadre de Jorge Luis Borges



Hombre de las orillas: perdurable.
Estaba en el principio y será el último.
Estará donde un trágico boliche,
Sin revocar, humilde y colorado,
Ante el vértigo inmóvil de los huecos
Aventura su caña y su baraja;
Estará donde un hombre de voz áspera,
Al compás de seis cuerdas trabajosas,
Frangolle con desdén una milonga
Más trivial y modesta que el silencio,
Pero que hable de vida, tiempo y muerte;
Estará donde el último retrato 
De Yrigoyen presida austeramente
El vano comité que clausuraron
Con rigor las virtuosas dictaduras,
Negando al pobre el ínfimo derecho
De vender la libreta del sufragio; 
Estará donde esté el despedazado
Suburbio, los calientes reñideros
Donde giran los crueles remolinos
De acero y aletazo, grito y sangre.


Mientras haya un clavel para la oreja
Del cuarteador; mientras perdure un tango
Que sea feliz y pendenciero y límpido;
Mientras, desde la altura del pescante,
El carrero gobierne taciturno
El lento río de los tres caballos,
Y mientras el coraje o la venganza
Prefieran al revólver tumultuoso
El tácito puñal, estará el hombre.

Oscuro y lateral, vivió sus días.
Se llamó Isidro, Nicanor, Amalio.
Admitió sin asombro los rigores,
El goce, la traición (ajena o propia).
Intuyó que a la larga son iguales
La precaria costumbre de la dicha
Y la costumbre que se llama Infierno.
En los días pretéritos fue el hombre
de Soler, de Dorrego, de Balcarce,
De Rosas y de Alem; fue siempre el hombre
Que se juega por otros hombres, nunca
Por una causa abstracta; fue el anónimo
Que se desangra en el barrial, vaciado
El vientre a puñaladas, como un perro.
(Murió en el Paraguay; murió en los atrios;
Murió la numerada muerte pública
Del hospital; murió en los pendencieros
Burdeles de Junín; murió en la cárcel;
Murió al margen del turbio Maldonado;
Murió en los carnavales de Barracas;
Murió en los carnavales, con careta).

Cesan los versos. La epopeya sigue
En Gerli, en el Rosario, en Ciudadela.
Los prontuarios registran el retrato
De un enlutado de mirada aviesa.
La sangre silenciosa del indígena
Perdura en él. Prefiere la ironía
Al insulto, el rencor a la esperanza.
Las noches de la dársena y del hueco,
Las albas que desolan y denigran,
Lo verán acechar, sexo y cuchillo.



Escrito en 1943 fue publicado en la antología El compadrito. Su destino, sus barrios, su música (selección del mismo Borges junto a Sylvina Bullrich) de 1945. Publicado bajo el apodo de Manuel Pinedo.