Oda a la Escuela



Venía de Jujuy, de estar con mi primo Ricardo Dubín en Nazareno y otros pueblos hundidos en huecos de la puna, bajando a las selvas. Venía con la tierra ensanchándome y volví a cursar una de las últimas materias que me quedaban en la facultad. Supongo que la sensación no era nueva; en la clase escuché: lo real se resume a sentencias, a la posibilidad de hacer lógicos los enunciados. Entonces comencé este poema.


I
(aún sobrio)

Pido perdón porque no aprendí aún
ni el triángulo ni
a hablar a lo señor
ni eso que me calle
cuando hable el profesor.

Puedo decir como el poeta
ruso que aprendí
geografía con los codos.

Aprendí de los trenes terrosos
cuando miraba las golondrinas volar fuera
y nos encerramos en un cuarto
con mapas pizarrones
con maestras de cortas polleras.

Descubrí que la Amazonas
no era tan profunda
como
los misterios que se anidaban
entre sus piernas
mis maestras tiernas.

No fue en la escuela
donde aprendí
el guaraní criollo:

yo las amé

su almita india ruborizada
con las tetas al aire
y bucles rubios:

yo no inventé este mundo, amor

yo no le dije a Dios
que las vaginas sean ranuras
ni las penumbras rojizas
sean espasmos de una flor
de primavera

volví y era una tapera

pero recuerdo
el triste trocado de eternidad
que es un monte
en tu cuerpo desnudo
con los billetes de un fulano
lánguida belleza pálida esmeralda de tus ojitos criollos

yo no inventé este mundo, amor

me dormía la ventana
la lección de geografía de lengua.

Cuando anduve por los campos
nadie me dijo cada caballo
tiene su nombre cada color
y no todos los colores
están en los cuadros del salón

tropilla de un pelo
pobreza de un solo amor

yo soñé
con sus tetas de colores policromes
señoritas
cuando dormí en el suelo
por primera vez

yo las soñaba
y eran como los Andes
en mis manos,

tropilla de un pelo
el gaucho más infeliz.

Aprendí en la calle
que las mujeres hay tristes
criollitas gringas
paraguayitas rusas

tropilla de un pelo
pobreza de un solo amor.

Escupen su sexo
en un pañuelo no les pude
las quiero
en su nariz
siempre fui un François Villon arrabalero
escribir un poema
que las redima que entre
sábanas sudadas ajenas seamos
los cuatro de copas
con champaña merca
para la noche entera.


II
(ya borracho)

…algunos / otros muchos de los menganos
fulano es yo / dijo el poeta francés / menganos somos
dije uno yo.

Ya no entiendo los trabalenguas
de dios pero en la esquina
de mi barrio hay un croto
que habla su lengua me contó
que él sueña con los sueños del señor

¡ay!
yo le robé unas monedas
no lo escuché
al croto pitón …

amor, ¿dónde dormí hoy?

Dicen
si yo hubiera hubiese haya sido creería
otro tiempo mejor que otro distinto
otro mucho no éste
entiendo no hablo se imagina se sueña

dicen
con Cleopatra
besos en nalgas
pálidas noches luna llena rodeados
aromas intrigantes vaginas gatos secretos

dicen
soñar levantar un fusil
bandera roja praderas lejanas
ser un héroe en Hungría en Rumania en Croacia
en algo que

pero
soy el único
que agradezco no haber
nacido ni un
segundo antes un segundo después.


III
(aún despierto)

un grande malón sangriento
tus labios

¿te lavaste los dientes, mariano?

una maloneada
al Mio Cid campeador recuerdo
curtirle la espada la cruz las pibas
culearlo en plaza pública
cantando un lonkomeo
llorando por su culo abierto

tropilla, no recuerdo

borracho pendenciero
hermano piola el vago
juntaríamos tigres cebados
perderíamos
en iglesias en santuarios
en espera en claraboyas de baño
cansados

tropilla, no recuerdo


IV
 (aún)

las palabras se me piantan pedregosa vida mi río podrido
quién me dijo no que no
había dioses entre tanta chapa duermo despierto
que no que no
pasa el último tren
que no que no que no

me vuelvo a escapar:
¡adiós, señoritas! ¡sus piernas largas! ¡mis tiernas maestras!

de Bardo (Pixel, 2012).

1 comentario:

Eduardo Prina dijo...

¡Muy bueno!Mucha fuerza, y algo de erudito, un guiño a los libros leídos con provecho y un homenaje de Francois Villon a Proust (sin magdalenas ni té)