1. Hay una cifra mínima de todo pueblo
que es hacer rito de los muertos. Poder enterrarlos o incinerarlos o hablar con
ellos por última vez o bailar y cantar o emborracharse y llorar. Despedirlos.
Inclusive al enemigo. Inclusive a quien uno ha matado. No se puede ultrajar al
muerto. Por eso Martín Fierro, luego de matar al moreno y de escapar, sabiendo
que su cuerpo fue arrojado a campo abierto para ser comido por los caranchos y
su alma anda en pena como luz mala por el camino, canta: Yo tengo intención a veces, / para que no pene tanto, / de sacar de
allí los güesos / y echarlos a camposanto. No se puede ultrajar al muerto.
Por eso un desaparecido no es un muerto. Un desaparecido no para de
desaparecer. Un desaparecido es alguien quien no deja de llamarnos para que le
demos nombre. ¿Cuántos cuerpos hay pudriéndose para que los coman los
caranchos? ¿Cuántos más? ¿Cuántos?
2. Es la historia de Aquiles y Héctor.
Es el origen de toda cultura: darle un rito a la muerte. Inclusive al enemigo.
Al más odiado. Al muerto en venganza. Aquiles pierde la gracia divina por
ultrajar el cuerpo de Héctor y arrastrarlo por los alrededores de Troya, como
perro, en venganza personal, durante días. Héctor había matado a su amigo más
amado y Aquiles, ganado por su ira, fuera de todo control, luego de asesinarlo,
lo ultraja públicamente. Los dioses están indignados por la ausencia de respeto
a los muertos. Zeus exige la restitución del cuerpo y, finalmente, Aquiles lo devuelve
a su padre, Príamo. El poema de Homero comienza con una guerra y termina en un mandato
fúnebre. Una guerra que no es otra cosa que la aventura imperialista de
Agamenón tiene un orden superior: el rito de los muertos.
3. No es que en las antigüedades no
hubiera expolio (las tesis aristotélicas sobre la esclavitud como hecho natural
o la sumisión de los pueblos bárbaros al Incario según el Inca Garcilaso nos
dicen lo contrario) sino que en el triunfo global del imperialismo –ese corazón
de las tinieblas que sólo no para de crecer- se cifra una verdad (científica y
universal): los cuerpos son sólo cuerpos
y los muertos son sólo muertos. Ningún orden superior va a detener el
saqueo imperial. O dicho de otro modo: el saqueo imperial no sólo exigió matar
a Dios sino, principalmente, la humanidad de los humanos. Y el cuerpo de Héctor
no vuelve al padre. Y el cuerpo del negro no es esperado por Fierro para ser
enterrado. Y el cuerpo tuyo, hermano, si hay que tirarlo a campo abierto se
tirará. Ya los caranchos harán su trabajo. Porque ya lo dijo Kilgore: I love the smell of napalm in the morning.
4. A Maldonado ya lo habían matado
mucho antes. Y lo seguirán matando miles de veces más: Mataron y mataron compañeros y / nadie te enseña a hacerlos de nuevo,
¿Hay / que romper la memoria para / que se vacíe? Miro / navegar rostros en mi
sangre y me digo / que no murieron aún. / Pero mueren aún (Juan Gelman,
“Allí”). Lograron sintetizar figuras fantasmagóricas para un público que pide
sangre. Vampiros modernos y módicos que chupan la sangre regulada de los
medios. Maldonado es un “vago”, un “terrorista”, un “indio”. Peor: un “cheto”
como “uno” pero que desperdició todo por unos “indios”. Mucho más: Maldonado es
de un grupo subversivo que niega la nación argentina; Maldonado es un pariente
de un montonero del anterior gobierno que lucra con su muerte; un artesano que
zozobra por márgenes imprecisos de un mapa lumpen y exige, en el riesgo, su
propio sacrificio. La ingeniería de la muerte nunca mejor entramada:
periodistas, políticos, fuerzas represivas. Desde la última dictadura que no se
veía este movimiento tan audaz. Pero, también, y tal vez sobre todo, el hombre
que te dice en la esquina: Viste estos
zurdos que inventan lo de Maldonado para hacerle mala prensa al gobierno.
Además, si está muerto, estaba con los mapuches. Terroristas. Vos sabés.
5. Bajo
las matas / En los pajonales / Sobre los puentes / En los canales / Hay
Cadáveres. // En la trilla de un tren que nunca se detiene / En la estela de un
barco que naufraga / En una olilla, que se desvanece / En los muelles los
apeaderos los trampolines los malecones / Hay Cadáveres, escribió Néstor
Perlongher. Que no queden dudas: hay
cadáveres. ¿Cuántos cadáveres hay?, nos preguntamos. ¿Cuántos muertos,
empalados, desaparecidos, violadas, golpeadas, desfiguradas hay? ¿Cuántas hay?
Por eso, otra vez, Perlongher: En la
provincia donde no se dice la verdad / En los locales donde no se cuenta una
mentira / —Esto no sale de acá— / En los meaderos de borrachos donde aparece
una pústula roja en la bragueta del que orina —esto no va a parar aquí—, contra
los azulejos, en el vano, de la 14 o de la 15, Corrientes y Esmeraldas, / Hay
Cadáveres.
6. Hay todo un mundo más allá (mucho
más allá amigo metele piola detrás de las vías) de las vidas amenas del
ciudadano alegre (en esas en que convive el primo facho y nosotros riéndonos de
él y apurándonos a comprar dólares antes que se pudra todo) donde no ha llegado
la democracia. ¿La democracia? ¿Quién se anima a ofender al sistema más justo
de gobierno entre los hombres libres?
¿Cruzaste las vías guacho?
Los chicos mueren como
moscas
los chicos mueren como
moscas
mire señor aquí los
chicos la laguna de aguas podridas
sopa
sopita
doctor en medicina
agarrarse la cabeza
pero sin gritar estas cosas hay que decirlas
hace tiempo (Leónidas Lamborghini, “Villas”)
Tal vez si Maldonado fuera mapuche no supiéramos de él. Lo
dijo Huala: esto sucede todo el tiempo. ¿A vos te sucedió? ¿Tenés un hermano
ahogado en las zanjas de mierda de los desagües podridos de la ciudad? ¿No
tenés un amigo que fue a bailar al centro y no volvió? ¿No tenés una hija negra
que usó una pollera muy cortita?
¿Viste tu cara al espejo?
7. Dale al negro. Apuntá. Rápido.
Dispará al negro. Dale. Dispará. Pará. A mí no puto. Al otro negro pelotudo. A
mí no. Al negro. Al negro. ¡Al negro! ¡Al negro! ¡Al negro!
8. El macrismo es la síntesis perfecta
de nuestra democracia. Inflemos el pecho y cantemos con la voz del violador a
su amada muerta: amar es un milagro y yo te amé.
9. αορνος en griego significa “sin
pájaros”. Los antiguos griegos encontraron esa imagen para definir al infierno.
El Averno. Hace algunos meses fui a visitar a un amigo que tenía un ranchito y
unos animales en un campo montaraz pero, ahora, vive a las orillas de Concordia
en la peor pobreza. Regresamos a donde vivía. Donde hubo monte hay hoy un
charco interminable de soja. No había animal alguno. Cuando volvíamos, mientras
la tarde caía como quemando la soja insondable, mi amigo dijo: ¿Viste che? Ni un pájaro. Con los químicos
que tiran hasta los pájaros rajaron.
10. Todos queremos estar en el primer
mundo. Desde la estratósfera a Miami: volvemos con los bolsillos llenos de
dinero y ¡chau pobreza! ¡Chau negros de mierda que viven de la medianera pa
allá! Pibes en zanjas con las tripas afuera. Chau. Gallinas sueltas. Chau. Chau.
Chicas violadas, empaladas, descuartizadas. Chau. Todos somos hijos de
inmigrantes europeos en un país lleno de negros: ¿todos? ¿quién sos vos? Chau.
Chau. Chau.
11. Macri entendió, como nadie, la
lógica de nuestra democracia. Y bienvenidos todos: I love the smell of napalm in the morning. Bienvenidos todos.
Porque Macri entendió toda la mierda que viene juntándose en las cloacas de
nuestra democracia. Toda la resaca de cada sudestada. Bienvenidos todos.
Porque, en esta, mi amigo, las zanjas podridas de los pendejos pobres están abiertas
al público. Miren. Decidan. Pasen. Acá tienen a los niños raquíticos de su odio
flotando entre la mierda. Pasen. Y miren. O tengan las pelotas. Los sueños. La
confusión. La búsqueda. La rebeldía. Tengan en su nombre a Santiago Maldonado.
A Santiago Maldonado quien está (porque acá uno tampoco deja de seguir estando,
de seguir apareciendo) en Cushamen. Porque hay un desaparecido que habla. Y te
habla a vos. No deja de estar hablando más allá de la lengua muerta de la
democracia. Santiago Maldonado no deja de hablar. No deja. Santiago Maldonado.
Presente. Ahora y siempre. Ahora y siempre. Hay un desaparecido que habla. Y te
habla a vos.
[Publicado en la Tecl@ Eñe]





















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