Ya que estamos en épocas de fastos, quisiera compartir una nota de mi primo Ricardo Dubín para el Diario El tribuno de Jujuy, sobre lo sucedido en su pueblo, Tilcara.
Cerca de las diez de la víspera, el valle tilcareño floreció hacia al sur en estruendos que dieron largos minutos de fuegos artificiales con ecos que repitió la piedra. Hacia medianoche, el Himno Nacional enmudeció los huaycos de la falda, y en la sugerencia del millar de estrellas sobre los recovecos que son playa y sendero, acaso pudiera responderse lo que es la pertenencia.
En la mañana del 25, una gran cantidad de banderas de ceremonia cerraba el círculo en torno a los bustos del poeta, del guerrero y del pintor, próceres en los que queda la custodia de esta memoria. Su intendente, Félix Pérez, llamó a la inclusión de todo el país en la idea de
Entonces, el rostro quebradeño comenzó a desfilar su orgullo a lo largo de la calle Belgrano, bajando del cerro al valle. Los abuelos con la experiencia tallada en la piel, los niños con los pómulos brillantes de esperanza, desde las escuelas rurales que se yerguen en el horizonte vallisto hasta el club de fútbol, desde la antigua sangre gaucha hasta el moderno transporte del remis, cuerpos de kung fu y de tinku, con el pañuelo de la zamba y con el arma que el Estado le confía a sus soldados, con el uniforme de la enfermera y la arrogancia juvenil de la nueva promoción de
Para quien vea estos rostros desde la distancia, sin duda dirá que es el otro rostro del bicentenario. Para Tilcara, para Humahuaca, para cada pueblo y cada caserío quebradeño, para los caminos de herradura de los valles, esa magia que heredó el color de los cerros, esos cabellos que tienen el brillo de la vertiente, ese mirar tan blanco como la nieve, dibujan el único rostro posible. Por eso será que el desfile estaba perfumado con el incienso del misachico, por eso las marchas de la banda tenían el son de los sikuris.
Otro artículo desde el Altiplano.
Bajando de
Estaban ellos, digamos: la izquierda de la revolución de Mayo, los que alzaban ideas tan atrevidas que ni en Europa se pudieron llevar a cabo, y estaban los contrabandistas que querían legalizar su contrabando rompiendo con el monopolio que imponía la corona española. Como suele suceder, la izquierda fue rápidamente marginada y quedaron en el poder los otros, los que querían legalizar su contrabando de mercaderías inglesas. Quedaban en pie, no ya las ideas europeas, sino las realidades americanas y los intereses europeos: un puerto que reemplazó a la metrópoli del imperio español, y que como éste en su decadencia, estaba atado a los intereses ingleses, y una serie heterogénea de caudillos, más o menos sensibilizados con la situación del gaucho, que defendieron una economía y una organización no del todo acorde con el mundo como se dibujaba desde Londres. Que esta contradicción no fue menor, lo muestra la larga guerra civil que se sucedió desde la de
Recordar el bicentenario de esta etapa histórica, que viene después de la colonia que viene después de las naciones originarias, que son también, ambas, historia nuestra, es releer un período en el que nos fuimos formando, no sin contradicciones, no sin dolor. Tras ello, en el 2000, alcanzamos la peor de las alternativas que vislumbró Perón: no nos encontramos unidos sino dominados. Acaso hoy podamos decirlo de un modo que la experiencia nos enseñó a ver de forma más completa: el futuro nos encontrará dominados si es que no logramos unirnos sin renunciar a nuestras diferencias. Y acaso entonces el gendarme comprenda lo que le decía la mujer de la pollera colorida.





















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