El viernes 19 hs se presenta "Pensar el Bicentenario 1810 1910 2010" en la sala Presidencia del Pasaje Dardo Rocha junto al intendente de la ciudad que limita con Berisso, el señor Bruera, el ministro de cultura, y alguno de los escritores del broli (acá se incluye el vago que escribe.)
Tan invitados. El libro se conseguirá gratuitamente en el mismo Dardo Rocha en
No los aburro más, pero les dejo los apartados "America Profunda", "El país de la cumbia" y "Negro del plan" del ensayo. El que lo quiere completo se lo mando por mail o se acerca a buscar el libro a la editorial (que es completamente gratuito) y de paso se lleva el libro póstumo de Gabriel Bañez que es una joyita.
América Profunda
Es posible que la mejor novela de nuestro siglo diecinueve esté escrita en inglés: The Purple Land de William Henry Hudson. Uson, según los conocedores del arrabal ferroviario. Allí se relata el recorrido de un europeo por el interior uruguayo. Ese viaje de iniciación es el descubrimiento de nuestra tierra, que antes que una colección de ideas es un olor, una suciedad, un barro[1]. Posteriormente es la participación del protagonista, primero de manera azarosa y finalmente conciente, por la revolución interna. Es la manera de cómo un “blanco” se indianiza, se acriolla.
El discurso oficial considera que nuestra historia empieza con la clase media. Las civilizaciones originarias, la fundación de Buenos Aires,
La historia argentina comienza, entonces, cuando los gringos bajan de los barcos; es el relato de la inmigración europea de fines del siglo diecinueve, el origen de la clase media de origen europeo. En las villas, en los barrios obreros, en los caseríos rurales hay otra historia; imprecisa y extraña porque no se explica por los barcos.
El origen de un pueblo, de una ciudad, de una nación no son problemas historiográficos son problemas políticos. No hay un origen; no existe el documento que pueda verificar un solo pasado. A principios de siglo veinte, las vanguardias artísticas de nuestro continente buscaron obsesivamente un origen. En 1926, Jorge Luis Borges publica en la revista Nosotros, una revista dirigida por ítalo – argentinos, La fundación mitológica de Buenos Aires. Allí se discute la propiedad del pasado:
Cavaron un zanjón. Dicen que fue en Barracas
Pero son fantasías de los gringos de Boedo.
Lo de los cuatro ranchos no es más que una guayaba.
Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.
La discusión del origen es la discusión de la propiedad. La nación iraní, por ejemplo, durante el siglo veinte se exasperó entre quienes privilegiaban en el país un origen persa o islámico. El Shah (el rey según la tradición persa) promovía un origen milenario; apoyado por los Estados Unidos y el Reino Unido su operación historiográfica se explicaba por la deslegitimación del pueblo musulmán y el entronizamiento propio. En 1979, sin embargo, el pueblo iraní acomete su revolución interna que corresponde a su visión islámica. El origen de Irán, de un mismo lugar, en esos discursos era completamente disímil. Entre una y otra historia cambiaban siglos, reyes, libros, protagonistas, religión[2].
¿Dónde comienza
Cuando Evo Morales asumió la presidencia de Bolivia en el año 2006, realizó una asunción simbólica en las ruinas de la antigua civilización de Tiawanaku; estaba haciendo una operación historiográfica y política. Sin embargo, casi doscientos años antes, Juan José Castelli, junto a su secretario Bernardo de Monteagudo, habían precisado esa operación en 1811: nuestra revolución nos liga otra vez a las civilizaciones originarias. Cuando Castelli marchaba victorioso al mando del Ejército del Norte decidió festejar el primer año de revolución en Tiawanaku; declaró la libertad del indio porque como les comunicaba su “principal objetivo es liberaros de su opresión”; los indios siempre habían “sido mirados como esclavos y tratados con el mayor ultraje, sin más derecho que la fuerza, ni más crimen que habitar en su propia patria”.
El país de
Suele ser cómodo confundir la historia de uno con la del mundo. Posiblemente, si uno habla con un señor de clase media considerará natural decir que
Jorge Luis Borges tiene dos momentos en su escritura, escindidas por el peligro de malón. Durante la década de 1920 se considera a sí mismo enciclopédico y montonero, explora la posibilidad de un criollismo de barrio, de una forma de hablar en rioplatense. Como escribe en Patrias (1925):
Quiero el tiempo hecho plaza,
No el día picaneado por los relojes yanquis
Sino el día que miden despacito los mates.
Se contrapone al criollismo de Leopoldo Lugones expresado en El Payador, donde el gaucho es un arquetipo para fundar una progenie aristocrática y la cultura criolla es simplemente un ejemplo de nuestra pureza occidental. Borges revisa la cultura criolla, explora la posibilidad de una lengua rioplatense, encuentra la figura de Evaristo Carriego, el liderazgo político de Yrigoyen. Son los ejes con que Arturo Jauretche y Homero Manzi fundan F.O.R.J.A; son algunas de las obsesiones teóricas del peronismo y del nacionalismo popular. Exageremos un poco: Borges es el primer peronista.
Sin embargo, en la década de 1940 reniega de esa escritura montonera. ¿Qué sucedió? Conoció a los verdaderos criollos, a los “cabecitas negras”. Entre 1930 y 1945 cambia sustancialmente el trazado urbano y social de Buenos Aires. Las provincias se despueblan y se crean la mayoría de los barrios obreros del conurbano y las villas miseria de Capital Federal. Borges comprendió que las palabras tienen su peso.
Poco antes del 17 de Octubre de 1945, Borges discute con Estela Canto. Le dice que él conocía el arrabal y ella lo increpa por los “cabecitas negras”. “¿Quiénes?”, refuta, “yo no conozco a ninguno”. El 17 de Octubre fue tan horroroso para Borges porque le dio cuerpo a su literatura. En sus primeros libros el poeta recorre barrios del Sur, vacíos y suyos. Son los barrios que ocuparán el pobrerío del Interior: Borges fue criollista hasta que conoció a los verdaderos criollos.
Como el 17 de Octubre, que fue la irrupción de los cabecitas negras en la ciudad blanca, la cumbia villera fue la irrupción estética de los hijos y nietos de los migrantes en un momento donde el discurso del poder postulaba un país occidental, burgués, blanco; en palabras de la época: “del primer mundo”. Con sus letras irrumpió otro país: el de los correntinos, bolivianos, paraguayos, chaqueños; el de los obreros, peones, albañiles; el de los negros, los villeros, los pobres. Son todos los fantasmas de la clase media, el cuerpo de la revolución interna, la tensión que crea nuestra literatura.
Negro del Plan
Meta Gucha, una de las bandas que funda la cumbia villera, logra algunas de las mejores letras del fin de siglo. Pocas letras tuvieron la conciencia de la negritud, de la sociedad de clases, del discurso del poder como “Negro del Plan”. Meta Guacha expresa el odio de clase, el profundo resentimiento del hambre, de la exclusión. El “negro del plan” es el pobre que recibe un plan social por su miseria; pero también es el negro de un Plan Social: el plan del hambre que inaugura el liberalismo económico.
“Tienes la piel mas clara / paseas en auto por la ciudad. / Yo vivo en un barrio pobre / donde se aguanta a mate y pan. / No sé quien te dio derecho / para decirme negro del Plan: / ya sabés que a este negro / donde tu quieras lo podés probar. / Soy de los que gastan el asfalto / cuando caminan para Lujan / a veces sangran las rodillas / rogando frente a
No es una canción desesperada. Allí se expresan las grandes puebladas de la década de 1990, allí se vislumbra el Argentinazo del año 2001, la pueblada que derribará al gobierno liberal de Fernando de

[1] Es imborrable el momento de la lectura de la novela. Pasaba la noche en lo de mi novia, una casa de pensión dividida en distintos apartamentos. Adelante, funcionaba un cabaret de travestis dominicanos. Escuchaban cumbia a todo volumen y se peleaban con los vaguitos de la esquina porque acusaban de malograrles los clientes. Yo sentado a lado de una estufa alivianaba el frío e iba descubriendo América junto al protagonista. El capítulo XXI, “Libertad y mugre”, es la conversación con un escocés que hace veinticinco años vive en nuestro continente. El escocés explica cómo el nuevo mundo se conoce a través del cuerpo, a diferencia del viejo mundo donde todo se “limita a los libros, la limpieza y la ropa.”
[2] Pensemos en un caso similar. El estado israelí en su constitución del `48 se enfrenta al problema de la lengua nacional: yidddish o hebreo. El yidddish era la lengua hablada popularmente por el pueblo judío y el hebreo moderno era una actualización estatal del hebreo antiguo. Mi bisabuela Sonia, una lituashne, siempre había quedado con la impresión de que Israel era un monstruo. Cuando fue a visitar familiares encontró otro pueblo judío. Nunca olvidaría que la gente no le contestaba cuando hablaba su lengua. El estado de Israel estaba reconstruyendo el origen del pueblo judío, afín a su expulsión de los palestinos y la justificación de ser un pueblo del desierto, ya no eran unos judíos perseguidos habladores de un dialecto alemán, tal como era el yidddish.





















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