Los dueños de la tierra o por qué Macri en La Rural


Los Braun juntaron cada uno de sus billetes con las pelotas de los indios tehuelches a las que le pusieron precio y por las que lograron ser patrones de estancia; como un genocidio no les fue suficiente fueron los principales responsables de los fusilamientos durante la llamada "Patagonia Rebelde" y participaron en meganegociados con la última dictadura. Cuando David Viñas, en su novela "Los dueños de la tierra", le puso voz al primero de la progenie caníbal lo primero que dijo para definir a los Braun fue: “Matar era fácil”. Hoy son los patrones del comercio exterior en Argentina. Los Bullrich lograron sus campos financiando la matanza de indios. Hoy son los patrones de la educación y la seguridad en Argentina. La larga e infame familia Pinedo, nos dio un Federico ministro en los gobiernos conservadores cuando la Argentina festejaba ser una provincia británica y endeudaba el país regalando sus recursos y se creaba, a dicho de Jauretche, el estatuto legal del coloniaje. Hoy son los patrones de la rosca política para lo que saben hacer: pleitesía a la Corona. Los Prat-Gay crecieron a la fuerza del trabajo esclavo de la industria azucarera y de la financiación a Bussi que les facilitó el trabajo empresarial con la desaparición de cinco obreros que sudaban grasa militante. Hoy son los patrones de la economía en Argentina. Un breve repaso por las vidas y los apellidos del actual gobierno, un mix modernizador de las viejas oligarquías y de burguesías parasitarias que nacieron hacia la década de 1950 y lograron establecerse en la última dictadura cívico militar, muestra familias que lograron sus fortunas cortando pelotas, torturando y matando, haciendo que el Estado (digamos: los laburantes) pague las deudas que ellos nunca pagaron. Pero podemos seguir: un Frigerio colocó a Magnetto en Clarín, Marcos Peña es Braun y Macri es Macri. Estos apellidos lograron sus espacios políticos y económicos con las manos llenas de sangre, de corrupción, de violencia clasista. Descreídos de las mediaciones políticas y las zozobras democráticas, vienen a hacer lo que saben hacer. Poner orden cansados de la chusma. Y como en un cuento gótico, estos monstruos cada vez que no se los destruye vuelven fortalecidos de sadismo, osadía y odio.

El párrafo anterior lo escribí al comienzo del gobierno de Mauricio Macri; no sabía aún que Macri era Blanco Villegas. Descendiente de Conrado Villegas, uno de los militares más decididos y sanguinarios en el exterminio que decidió la clase dominante resolver el “problema interno”: saqueo y destrucción de los territorios indígenas, violencia clasista contra las revueltas federales, destrucción del Paraguay. Macri Villegas no olvida su estirpe sanguinaria; cuando hablan de la ignorancia histórica del presidente, yo recuerdo que siempre afirma: Sarmiento pensó el país, Roca lo llevó a cabo. Si la constitución del Estado moderno fortalece los residuos coloniales en la estructura etnia / clase y cualquier observador poco atento reconocerá que el color de la piel en Argentina es una yerra de clase, la “Conquista del Desierto” estructura, además, a nuestras clases dominantes. Todos ellos tienen su capital originario en un saqueo primigenio al territorio indígena; las tierras de Tandil, las llama el presidente.

No hubo, no hay, no habrá trabajo en los Macri Villegas, en los Braun, en los Bullrich. Ellos armaron un Estado hace más de un siglo cortando pelotas de indios, fusilando gauchos. Armaron un Estado con la nación marcada.



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