Martín Miguel de Güemes o tesis mestizas para una política revolucionaria

Los compañeros del periódico Cambio me invitaron a escribir sobre Güemes. Lejos de cualquier virtuosismo histórico (que, desde ya, carezco) intenté insistir con la idea de que la tarea de todo partido revolucionario es sistematizar y hacer programa de lo que el pueblo guarda de manera oral, diseminada, poética en su historia. El espacio me traicionó para hablar del proyecto de Güemes, San Martín y Belgrano de instituir una Monarquía Incaica precedida por un Tupac Amaru. Creo que demuestra que si no vamos más allá -o más acá- de las fórmulas que nos provee el iluminismo europeo, no hay revolución posible. Porque una revolución no es una actualización bibliográfica ni un problema documental sino hacer cuerpo de algo que todavía no está escrito.
En estos días leí desde el miedo de La Nación de reivindicar a un héroe del caudillaje barbárico hasta la izquierda que lo despachaba, sin más, como caudillo de la oligarquía, es decir, las fórmulas europeas para explicar el mundo indoamericano. Apuesto, sin embargo, a ese héroe que escuché en copleros, peones, criollos e indios. Insisto: las fórmulas del futuro están en los ríos profundos de nuestra sangre, nuestros héroes, nuestros muertos. Por eso escribí Martín Miguel de Güemes o tesis mestizas para una política revolucionaria.

No hay comentarios: