Entrevista en La Cofradía

Hace un siglo (casi en otro cuero) escuchaba en estados calamitosos -seguramente una de las formas de la abulia adolescente- a The Doors en noches interminables. Ahora, no sólo hago tremendos pogos con Piñón Fijo -a pleno con Mandi- sino que mateo un domingo bien temprano para ir a La Cofradía, el programa del querido y grande Daniel Jorge Heffes, a quien ya escuchaba y admiraba de niño. Mi madre y varias madres de mis amigos de la infancia escuchaban a Daniel, siempre, en sus distintos programas de radio. Me sentí entrando a uno de esos mundos lejanos y cotidianos de la infancia. Hablamos de folklore, de tango, un ida y vuelta sobre cumbia y rock. Entre otras cosas que me sirvió para masticar qué carajo había sentido la noche anterior viendo el último video de Bowie -Blackstar, si no me equivoco- donde cifra como todo buen europeo la muerte como el fin del ego, la tragedia del vacío de la conciencia (o algo así entendí con amigos viendo de refilón el video entre vino que va y viene y hablando de bueyes perdidos, que tal vez va de otra cosa); hablando con Daniel recordé la manera criolla que mi abuelo esperó la muerte como algo cotidiano, necesario y criollamente cósmico (para decirlo a lo Madariaga). La vida es un cuero que uno usa hasta dejarlo para el próximo (y ojalá dejarlo bien curtido!). Nada nos pertenece, por suerte. Y en esas derivas nos perdimos con Daniel como dos viejos bolicheros en algún almacén de esquina.

Acá la entrevista.

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