El capital en idish


Volviendo al ruedo. Hay libros que curten. Hay libros que buscan a los lectores tirando piñas por todos los frentes. Que dicen algo que se escapa de la letra chiquita. Que se escapa de la pobre experiencia de los burgueses tristes. ¿Se imaginan a Roberto Arlt o a José Hernández mendigando lectores? 
Hay escritores que es lógico que no los lean ni sus tías (las tías solteras suelen tener mucho mejor gusto literario al no haber pasado en su puta vida por ningún seminario de posgrado) si piensan que nada puede ser narrado, que nada vale la pena, que nada puede ser dicho de nuestras experiencias diarias. Por suerte, hay escritores que ponen el cuerpo y tienen esos libros que vienen mordidos, atravesados, con ganas, con odio, con bronca, con lo que sea, con mala o buena leche, pero con algo. Tienen algo para decir. Y lo dicen. Y eso, algo, llega. 
Por eso, este libro. 
Tuvo algo de dejar rodar la bola como el Martín Fierro (cosa de Marx con chiripá, ¿no?). No es raro, escuchar, cada tanto, alguna traducción, por primera vez, a algunos de los pocos idiomas donde no se ha traducido. Hace unos años -recuerdo- hubo una al quechua. En Ecuador.
La de la foto es una traducción de 1918. En idish. Por si no se ve bien dice DAS KAPITAL. 
Ahí, entre esos libros, entre una tremenda biblioteca en idish, volvemos este jueves -con nuevo horario: de 20 a 21:30- con “Los gauchos judíos: una introducción a la literatura judeoargentina”. Arrancamos con “Réquiem para un viernes a la noche” de Germán Rozenmacher. 
Y entre mate y mate, esto que sí, esto que no, pispean esta traducción (¿bien paisana?) de "El capital".

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