Después del Felisa

Para mí el FELISA fue jugar en primera. Estar chamuyando con escritores que admiraba. Cerveza, mate, pescau de río. Escuchando a poetas que teníamos de libros y oídas como Beatriz Vignoli y poder, ahora, escuchar en rock de garage puro su "La caída": "En lo único que creo es en el accidente. / Lo único que sabe hacer el universo / es derrumbarse sin ningún motivo, / es desmoronarse porque sí". Leyó eso y todos quedamos KO. Para mí, también, sin duda, es derrumarme sin sentido al ver que Vignoli escribe en el página/12 rosarino dando un recorrido por el festival y leo:

"Los dos abuelos de Dubin definieron para él dos formas distintas de leer: el abuelo criollo analfabeto que se sabía de memoria el Martín Fierro y lo recitaba como fuente de sabiduría en cada ocasión ("a veces lo inventaba", sospechó Dubin), y el abuelo materno judío, hijo de un rabino y que lo obligaba a leer con el permiso para detenerse luego de un punto. Dos formas de los textos, la escrita y la oral, marcaron al parecer dos modos de hacer propios esos textos: por obligación, como en la vida académica de Dubin, o por pasión, como la del abuelo memorioso y payador".

Nota completa acá.

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