La Plata: inundación y después

Hace dos años había perdido mi biblioteca y varias cosas muy queridas bajo el agua. Lo que por un momento me pareció importante, pronto, se presentó como algo totalmente prescindible. Ver a una vecina, en aquel departamentito donde vivía, sobre una mesada, con el agua acorralándola, con su hijo llorando y, pronto, conocer los muertos y los muertos insepultos de la inundación fueron convirtiendo todas esas semanas en una pesadilla. Las situaciones extremas, sin duda, nos regresan a los ritos mínimos. En su momento, por eso, pensé que una cifra de todo pueblo es poder enterrar a sus muertos; que no se podía ultrajar al muerto. La historia de Aquiles y Héctor. El origen de toda cultura: darle un rito a la muerte. 
Vale decir, por otro lado, que el gobernador, como siempre, resolvió un problema social llenando la ciudad de policía y gendarmería. Truchó certificados de defunción mientras Bruera se terminaba de broncear en Brasil. 
Poder salir un poco de esa pesadilla fue gracias a la lucha que se dio desde las primeras horas. La militancia copando la calle, los escraches a los responsables, la ayuda de casa en casa, los llamados de gente que hace bocha no sabías nada. Yo agradezco a Julián Axat por invitarme a escribir un poema en la voz de Fernando Mendoza en La Plata Spoon River y a Francisco Magallanes -que me cortó con un “si no escribís sos un tremendo gato”- para Agua en la cabeza, gran libro de Club Hem y Pixel Editora. Escribir fue mi manera de mantenerme en posición. Dar mis golpes, aunque estuviera ligando de lo lindo.

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