EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS (8 DE MAYO DE 1945)


Hay una escena de La educación sentimental que me ha quedado grabada. La narro de memoria. Con posibles cambios: Frédéric se aleja al campo, con una prostituta, para escapar del ajetreo revolucionario. París está tomada y la guerra civil, la revolución, exige estar de un lado o de otro. No hay devaneos, no hay matices, no hay libertad personal. No hay nada de esos balbuceos de la cultura contemporánea. Uno es su tribu, su organización, su clase. Pero él está, ahora, fuera de escena. En una casa de campo durmiendo con una mujer en su pecho; fuera, por completo, de ese mundo que se derrumba. Parece que todo es esa cama. Su paraíso artificial. En mitad de la noche, sin embargo, un cañonazo se aleja algo de su destino y estalla cerca. Por la ventana entra un resplandor estremecedor. El ruido aturde. Frédéric despierta enloquecido. Entiende que no puede escapar. No importa cuán lejos huya, este mundo lo alcanzará.
Hay quien vive, un poco, así. Alejado, ajeno, al mundo que se derrumba. Alienado. Y, cada tanto, una bomba lejana -o, un poco, más cercana- lo alerta. Este mundo es inseguro. Este mundo se derrumba. Esta violencia ha llegado para no irse.
Se exclama que uno no tiene nada que ver. Que uno es uno. Que tiene sus libertades, sus pensamientos. Su manera de vivir que, espera, se respete.
El atentado a Charlie Hebdo es inhumano. Estremecedor. Expone lo peor como humanos. Pero no seamos ingenuos. Este monstruo, que es uno solo, no son estos hermanos huérfanos de descendencia argelina que cometieron el atentado: otros condenados de la tierra. Otros salvajes, para decirlo como Sartre, que nos recuerdan el mundo salvaje que creamos -y esto, de cierta manera, pone en segundo plano si fue un atentado “islámico” o una operación política de la derecha francesa-.
Este monstruo es la oscuridad que ha creado el colonialismo francés -como parte del reparto y la expoliación occidental-. Los abuelos de estos jóvenes pudieron ser unos de los 40.000 argelinos -40.000 personas, no 12- que mató el ejército francés en Argelia en un solo día: el 8 de mayo de 1945. Pudieron ser asesinados, torturados, violados, mutilados por uno de los ejércitos más sanguinarios del mundo, tal vez, en las siguientes matanzas diarias que se realizaron en su territorio. Se estima, si queremos hablar de las miserias de los números, que aproximadamente el 15% de la población argelina fue asesinada. Francia nunca reconoció como genocidio su actuación colonial.
Los padres de los terroristas pudieron migrar, en toda su libre pobreza y marginalidad, al país que continuó asesinando, torturando, violando, mutilando otros musulmanes en los distintos países árabes que bombardeó y ocupó Francia como parte de la OTAN.
Acá está, hace tiempo, dentro nuestro, en nuestra historia, en nuestra sangre, el corazón de las tinieblas. El horror ya está dentro nuestro. No nos hagamos los distraídos, los ingenuos, como si fuera una lejana bomba la que nos despierta de nuestra propia noche.
Esto ya lo sabíamos. No importa cuánto nos interese este mundo. Cuánto lo odiemos. Cuánto queramos a pobres de mapas imprecisos.
Cuando este mundo se derrumbe, estaremos ahí. 
Y a nadie le interesará saber qué pensamos. Nadie podrá decir estas manos están limpias. Déjenme seguir durmiendo.
A mí no me toquen.
Simplemente, el mundo, nos está alcanzando.

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