Apuntes para un nocau lírico


Reseña del broli Nocau lírico de Alcides Gandolfi Herrero publicada en el Toldo de Astier.

Gandolfi Herrero, Alcides (1970): Nocau lírico. Buenos Aires, Editorial Americana, pp. 124. 

1. Alcides Gandolfi Herrero (1904‐1978) fue boxeador antes que escritor. De hecho, logró el Campeonato Argentino en la Categoría Liviano en 1924. Como buen poeta del lunfardo entendió la poesía como práctica pugilística: “No hay griegos ni poetas / que puedan engrupirme, / ¡Qué vienen a batirme! / Me engayolo en mi idea: / Hay una sola musa que chamuya en mi pecho, / ¡y esa es la Musa rea!”. En el ring grande que es la vida, Gandolfi Herrero se envalentona y no hay mejor uppercut a la literatura canónica que su “Soneto en alpargata”, un poema contra Lope de Vega (en realidad, contra los escritores de salón y biblioteca) que merece ser parte de cualquier antología de poesía argentina por originalidad, bravuconada y humor: “A vos, Lope de Vega, te chamuyo: / Fénix de los Ingenios españoles, / si en lengua cervantina hiciste goles / yo con mi verba lunfa te embaruyo”. Estos dos poemas son parte de su libro Nocau lírico (1954) donde abundan chorros, prostitutas, gigolós, malevos. A veces uno, de casualidad, se encuentra con un Gandolfi Herrero apolillado o humedecido en librerías de viejo y por pocos mangos (como le hubiera gustado a él) se lo puede agenciar.



2. Hace unas semanas asistí a un festival de poesía y otras yerbas: snobs famélicos, chicos que se vestían con deshilachada prolijidad, abúlicos que hacían el ambiente más denso que si hubieran estado friendo milanesas toda la tarde. El postestructuralismo, la comida vegetariana, la música indie, las neurosis medicadas de moda (obsesiones y angustias de panza llena) y otras variantes de la constipación pequeñaburguesa (un tipo de estreñimiento ontológico) han arruinado el gusto burgués. La literatura es un tráfico de sentimientos y acá había poco para saber traficar. Faltaba aún la notoriedad del festival: un artista plástico chileno o mexicano (vaya a saber uno de qué arrabal azteca o mapuche venía escapando el paisano) presentando su gran obra. Su mecanismo era sencillo y célebre: fotocopiar imágenes de Pokemón (un bicho de lo más pelotudo que viene de China o Japón) y colorearlo como un nene de jardín: violeta, rojo, amarillo. Ensillé pronto y huí al galope; llegué a Berisso y mientras armaba el bolso para viajar a Chaco (sin ninguna intención de repetir una dicotomía a lo Boedo – Florida pero con cierta nostalgia de una “escritura proletaria”) abrí al Gandolfi Herrero: 



Me batieron de pibe 

que eran nueve las musas 

de la mitología, 

pero a mí no me cabe este bagayo ́e grupos 

yo januso una sola, 

¡y esa es la musa mía! 



La embroco por las noches 

junto al pie del estaño 

en los boliches orres, 

en los viejos curdelas, 

en las vidas opacas 

y en los artistas pobres. 



Mi musa está en las copas 

mi musa está en el tango, 

en todos los que ruedan 

en el dolor y el fango, 

en las minas que yiran 

y en los engayolados, 

en los pibes sin morfi 

y en los que están palmados...



3. En el libro Narices chatas de Enrique Martín (1993) se da una breve semblanza de algunos campeones de box argentino. Reseñemos vida y obra de Gandolfi Herrero: provenía de una familia pudiente de inmigrantes italianos; despachó a más de medio centenar de rivales amateurs; a los 20 años logra el primer cinturón argentino profesional de los livianos. Agreguemos: fue fiel al gimnasio pero también a los salones de baile. Dice Enrique Martín: “Compensó el rigor del footing y el guanteo con las copas y las chicas de Armenonville”. Para los despistados el Armenoville fue el primer cabaret de lujo de Buenos Aires, por Palermo, que pasaron, entre otros, Gardel y Razzano; donde, también, varios poetas rescataron versos. Enrique Cadícamo escribió: “En la avenida Alvear y Tagle existía / en el año catorce un cabaret de lujo, / era el Armenoville donde el tango encendía / las venas, con sus filtros y misterioso embrujo” (”Armenoville, Viento que lleva y trae, 1945) y Celedonio Flores: “Ese cuerpo que hoy te marca los compases tentadores / del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil, / mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores, / entre el humo de los puros y el champán de Armenonville” (“Margot”, 1921). La biografía de Gandolfi Herrero es aun menos lineal porque la vida errabunda (el despilfarro de la guita fácil) la mezcló con su simpatía a la izquierda: su última pelea, por ejemplo, es en la antigua cancha de Atlanta, en 1938, cuando perdió con Anselmo Casares en un festival a beneficio de las víctimas de la Guerra Civil Española.


4.  Su  hermano  era  el  escritor  comunista  Álvaro  Yunque.  Escribió  uno  de  los  primeros  libros sobre  poesía  lunfardesca:  La  poesía  dialectal  porteña  (1961):  “Nuestro  propósito,  en  este ensayo, es hablar de la poesía arrabalera, y no de la escrita en idioma culto, precisamente, en la que el arrabal sólo es el tema, como la poesía de Evaristo Carriego y otros, sino de la poesía expresada en el caló porteño o, por otros nombres, en lunfardo o lunfa o rasposo o canyengue o rante o rantifuso u orre o vesrre”. Yunque analiza distintos escritores que escriben desde el dialecto  porteño.  Organiza  un  canon  lunfa  donde  incluye  a  Gandolfi  Herrero  de  quien  dice: “otro tipo pintoresco, singular, movedizo y penetrador (...) Fue boxeador, excelente, campeón de livianos en Latinoamérica, derramó también apresurada y desorientadamente sus aptitudes vitales, que eran muchas. Tomó la vida en “xoda” como quien se bebe una copa de caña o se fuma un cigarrillo. (...) Cuando el tiempo, a fuerza de “biabas”, le comenzó a enlunar la cabeza, se acordó que, además de boxeador y de muchacho alegre, ranún, era poeta rasposo”. 


5. Uno de los primeros documentos escritos donde se habla del lunfardo es el pintoresco “El dialecto de los ladrones”, publicado en 1878 en el periódico La Prensa. El autor, anónimo, previene a los ciudadanos desglosando veinticinco vocablos del hampa, entre ellos: “bacán”, “bobo”, “vento”, etc. El lunfardo, o mejor dicho la literatura mixturada con el lunfardo, tiene desde esa fecha a 1954, cuando Gandolfi Herrero publica su Nocau Lírico, una larga tradición de escritores: Yacaré, Carlos de la Púa, Dante Linyera. Obviamente, los poetas del tango: Villoldo, Celedonio Flores, Enrique Santos Discépolo. Ni hablar que lo mejor de Arlt, sus aguafuertes porteñas, está en lunfa. En tal sentido, Nocau Lírico se ubica en las postrimerías del género. No sólo por todos los escritores que lo preceden, sino, principalmente, porque el lunfardo como lengua popular que había nacido a fines del siglo XIX, y que Villoldo había hecho ingresar al tango con letras como “El porteñito” (1903), ya era otro; la obviedad: el habla popular no era el lunfardo de cincuenta años antes. En Nocau lírico se respeta el género, pero no se cae en los excesos barrocos de Carlos de la Púa: en sus poemas el habla rante no se exagera, no se parte del recurso del exceso, se usa, en cambio, con la naturalidad que se la hablaba en el ambiente del box, de la noche, la esquina. El lunfardo es una manera de respirar: “El castellano me engunfia / no me cabe otro batir, / que cantar la compa en lunfa / porque es mi forma ́e sentir” (“Coplas lunfas”). Es, además, una opción clasista, no lo dudemos: “El amor, la calle, el café, el arrabal y la miseria son los más grandes creadores del Evangelio del lunfardo, porque ésa es la voz del pueblo que sufre”.


6.  El  poemario  cuenta  con  dos  prólogos.  Uno  es  del  poeta  lunfardesco  Julián  Centeya: “...regresado de cuerdas de ring, de jab, de uppercut, de swing, de clinch, se enreda en la hebra azul de un canto, y ¡canta!”.  El segundo prólogo es un poema de Yunque: “Su izquierda era un florete, su derecha una maza / y sus ojos, ahora por lentes protegidos, / eran ojos de puma: veían  los  sopapos  /  antes  que  cerrara  su  puño  el  enemigo.  //  Él  mismo  nos  lo  dice:  Tuvo aplausos y vento, / tuvo amor y mil cosas que hacen al mundo lindo; / él creyó que las cosas lindas duraban siempre, / como quien tira puchos, las tiró en su camino...”.  


7. Me escribo con la hija de Álvaro Yunque, Alba Gandolfi, a través del portal web http://www.alvaroyunque.com.ar. Necesito más información de su tío, de Alcides. Entre otras cosas busco un manuscrito. En Nocau Lírico se anuncia que la Editorial Americana tiene en preparación Poemas de amor y mishiadura. Se perdió. No está. Nadie lo publicó. Alba me comenta que con su última esposa no tuvieron hijos. Agrega: “supongo que todo lo que podría haber se perdió con la muerte de Meneca, su esposa”. Horacio escribió hace más de dos mil años su “exegi monumentum aere perennius...”. La literatura es perdurable por los siglos. La literatura, en fin, sería nuestra posteridad; una eternidad discreta como sustituo de la verdadera que nos han negado los Dioses. Podría discrepar y pensar que la posteridad de la literatura es una berreteda; tarde o temprano la ausencia comerá a todos los nombres propios, a todas nuestras discretas posteridades y el nombre de William Shakespeare y el del Artista Plástico de los Pokemones serán lo mismo. En todo caso, saber que todo desaparecerá no disminuye mi bronca: tenía ganas de leer Poemas de amor y mishiadura. Un libro de este boxeador canyengue, bardo, poeta milonguero, entre Armenoville y la Guerra Civil Española, entre los vagos del bajo mundo y el dinero fácil y las mujeres pagas de la celebridad. Nos perdemos un libro que apostó, también, a la posteridad trunca de la literatura pero desde el barro del rioba.


8. Su epitafio bien pudo decir “cuando me muera quiero que me toquen la Cumparsita”. Alcides Gandolfi  Herrero  había  elegido  la  posteridad  de  la  esquina:  la  eternidad  del  arrabal;  con  “El apoliyo final” se cierra Nocau Lírico

Cuando esté en las diez finales 
tirao sobre una catrera 
como una pilcha fulera 
que ayer fué de bacanal; 
cuando manye que la carta 
de mi vida está jugada, 
cuando ya no espere nada, 
nada más que lo fatal;  
(...) 
Si a la vida le he garpado; 
quiero que en mi última cita, 
el tango la Cumparsita 
me bata su funeral. 
(...) 
mi pedido es que la tierra 
no me encane en su mordaza 
y hagan de mi cuerpo brasa 
pal ́apoliyo final. 


en El toldo de Astier. ISSN 1853‐3124. Año 4, Nro.6, abril de 2013.                                                                                                                                      

1 comentario:

Damián Lavena dijo...

Hola. Me parece muy bueno tu comentario sobre el "librito" de Gandolfi Herrero. Yo escribí una pequeña ponencia sobre él que presenté hace unos años, y volví a leerla el año pasado en un congreso de la USAL. Si te interesa leerla, te paso el link; está recopilada en un cuadernillo sobre temas tangueros que publica un profesor amigo: http://es.scribd.com/doc/153946493/tango-4-doc
Como veo que te agradan los contactos entre cultura clásica y cultura popular, también te recomiendo su blog: http://litterulae.blogspot.com.ar/
Muy buen trabajo el tuyo, nuevamente, y un abrazo grande. DL.