Se va a extrañar a este muchacho, de raza política y militante; más cuando las estructuras políticas sólo cagan señorcitos que en su monosilábica estupidez ganan puntos por tener la boca cocida. Voy a extrañar a ese político, del cual nunca me sentí identificado y del cual me sentí siempre opositor, y que, sin embargo, logró que la América de la negrada y de la indiada lo eligiera como su máximo representante.
Porque su presidencia nos levantó la discusión. Veníamos de las cloacas, de las zanjas abiertas del neoliberalismo; esperando que podamos volver a esperar las cartas desde Madrid.
Hoy la cultura popular, la soberanía, la lucha están en la mesa de discusión política y eso es parte del legado de su gobierno. Levantó el piso de discusión, y hasta alguna vez me encontré exigiéndole más a su gobierno, cuando siempre me había encontrado pidiendo que los gobernantes se vayan a la mierda a los dos días de asumir.
Me enteré de su muerte en la Nueva York; la misma calle donde nació el 17 de Octubre y donde la dictadura recibió su primer paro nacional. Yo sabía que en ese mismo lugar la gente cuando falleció Evita había salido a las calles reventando sus lágrimas en la indiferencia de Dios. Hoy, sin embargo, no vi nada de eso, aunque sé que en muchas casas, en muchos jóvenes que hicieron de sus palabras y sus políticas una militancia que volvió al pensamiento nacional y a la lucha, en muchos que vivieron las cloacas de la Dictadura y el liberalismo y encontraron al fin un gobierno que reivindicara esa lucha, el dolor habrá sido similar.
No fui, y no seré. Pero el dolor, la angustia por este político es la misma. Por lo que significó, tal vez más que por lo que finalmente logró hacer. Por su militancia, por los militantes. Por su apuesta criolla de que América no sea un cuento liberal; ese que chanta que el misterio de Guayaquil es nuestro ostracismo americano; nuestra patria, volvieron a sentir muchos jóvenes, es la misma patria grande que recorrieron los revolucionarios de principios de siglo XIX para hacernos libres.
Hoy murió un peronista, sin embargo. Alguien que no sentí de mi palo, pero que permitió que pudiéramos exigirle un país más grande; pensar en que el Estado podía estar nuevamente en la transformación del país y en la apelación al pueblo como fuerza de la patria. Hoy murió un peronista y me gustaría recordarlo como un tipo que quiso mejorar nuestras vidas.

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