La Santa por Ricardo Dubin


Caminaba un minerito

solitario por la plaza

consumido por el cáncer

que las carnes le mermaba,


cuando al andar vio una gringa,

rubia y capaz que alemana,

que acaso hoy ya no recuerde

que esto sucedió en Tilcara.


La cosa es que el hombrecito,

incapaz de perder nada,

como un borracho le dijo:

chupamelá, no seas mala.


Para sorpresa del hombre,

que ya sin mas se marchaba,

al rato esas manos blancas

el pantalón le bajaban.


Más cosas no contaré,

que son cuestiones privadas,

sólo que a esa mujer

en más la tengo por santa.


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