RICARDO DUBIN

Presento brevemente a Ricardo Dubin. Escritor, radicado hace años en tierra jujeña y pienso uno de los mejores poetas y ensayistas para entender el Altiplano. Sus viajes constantes de pueblo en pueblo, su trabajo cotidiano con las comunidades, sus lecturas de nuestra lengua e historia pueden encontrarse en su página: www.intuiciones.com.ar/. Algunos de sus libros son: Teologemas (2007) y Villancicos (2010). Actualmente está por publicar un análisis de la poesía popular jujeña, producto de sus años de trabajo en talleres con distintas comunidades de La Quebrada y La Puna. En sus libros asoma una huella de crítica y poesía poco acorde a nuestros tiempos pop porteños: Alfonso Carrizo, Ricardo Rojas, Rodolfo Kusch, Atahualpa Yupanqui, Manuel Castilla. Alguna vez tuve la oportunidad de recorrer su tierra, entre libros, caminos que se precipitaban a precipios imposibles, algún vino y mucho tabaco. Recuerdo breves pero intensas charlas sobre Kusch, Jauretche, María Rosa, Hernandez Arregui; sobre poesía popular, el Siglo de Oro, la negritud y qué cosa será esto de ser argentino. Sobre rock, cumbia y huaynos. Algo de tierra adentro, en un pulso envidiable: "Romance de la Virgen Piedra y El Gauchito Gil" y "Cumbia Villancico".


ROMANCE DE LA VIRGEN PIEDRA Y EL GAUCHITO GIL.

… yo no fui mejor que nadie
ni nadie es mejor que yo.

1.

Subo de Iturbe
meta caminar
entre huayco y cerro
junto al quinchamal,

y vi aquellas cuentas
sueltas, sin atar,
coronar la blanca
piedra virginal.

La raíz pequeña
que un árbol será
busca en sus enaguas
agua de mamar,

y una lagartija,
wawa para más,
se esconde en su falda
para carnaval.

Subía pensando
que el río quizás
la trajo del cerro
rodando hasta acá,

que acaso la arena
lo supo acunar
sin saber palabra
de su santidad.

Porque si los hombres
con la gracia inmensa
de un alma sensible
no hallamos respuesta,

¿por qué en una piedra
grabaste el sudario
de la Madre nuestra
para así salvarnos?

Pero nadie la alza,
queda allí en la arena
y acaso era el agua
que calma la pena,

y nadie en novena
se le hinca a rezar
pasándole misa
bajo de un altar.

No es más que una piedra
si no hay una mano
que la alce contenta
creyendo el milagro,

se queda en la arena
y no adoran suris
ni le ofrecen cuartos
ni soplan sikuris.

Nada es, Padre mío,
sin el yo creado,
por eso pusiste
tu soplo en el barro,

no hay nada sin almas
que quieran buscar
tu imagen en cerros…
y en el arenal.

2.

Y llegué a la ruta
donde, como hojas,
flamean banderas
con sus alas rojas,

y en un altarcito
dos velas alumbran
la paz del gauchito
como en una tumba.

Dicen: fue guerrero,
gaucho y federal
y no fue a la guerra
con el Paraguay,

y dicen que era
hombre de un caudillo,
diestro en el caballo
y con el cuchillo.

Dicen que la tropa
que lo fue a buscar,
acaso con orden
de al gaucho matar,

llevaba las mismas
bombachas rotosas
e iguales remiendos
en sus pobres ropas.

¿Por qué fue elegido
para hablarle al cielo
quien fue gaucho malo
cuando lo siguieron?

¿Acaso los santos,
al verlo en la cuna,
pensaron en Cristo
y su poca fortuna?

¿Por qué, si una piedra
donde está María
no recibe un rezo
porque no fue vista,

al gaucho Mamerto,
que acaso matara,
se le prenden velas
por las gracias dadas?

Tal vez porque el hombre,
alcanzo en mi ciencia,
por más rico es pobre,
por más santo, peca,

tal vez porque el Padre
nos quiere enseñar
que hasta un gaucho bruto
tiene santidad.

Veo este mensaje
yo en el gaucho Gil:
nunca piense un hombre
que es mejor que mil,

por más que no entiendas
la razón de un alma
piensa que no hay una
que no es necesaria.

CUMBIA VILLANCICO


Al fin de la tarde
la noche madura
y la voz del viento
descansos augura.
Pisando las horas
de cargas oscuras
el fierro calzaba
bajo la cintura.

Abrase la rueda,
vuélvase a cerrar,
que busca en el riesgo
su paco y su pan.

Frente del negocio
lo duda un instante
porque luego el pulso
no puede temblarle,
baja la visera
aunque no haya sol
y da el primer paso
de esta adoración.

Abrase la rueda,
vuélvase a cerrar,
que arriesga su vida
cual juego de azar.

Lo miran dos ojos
llenos de terror
y busca en la caja
la recaudación.
En ese momento
parece exitoso,
burlando a la muerte
se aferra al bufoso.

Abrase la rueda,
vuélvase a cerrar,
que en sólo un segundo
tres tiros le dan.

El escaparate
parece un pesebre
con luces que brillan
y el pecho le duele,
pero no hay pastores
ni el niño Jesús,
sólo su cadáver
en forma de cruz.

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